sábado, enero 14, 2017

¿Habrá un punto de no retorno?


Cuando vemos el mundo y su devenir no podemos quedarnos indiferentes: racismo, xenofobia, pobreza, asesinatos, robos, gobernantes corruptos, violaciones, drogas, sexo desaforado, consumismo, materialismo, poca o ninguna atención a la ética, apología del más fuerte en todos los campos, indiferencia… y cada quien puede agregar a la lista…

Si miramos las cosas contrarias: tolerancia, amor, ayuda, ética, sexo sano, espiritualidad, compasión, etc., ¿no son tan frecuentes en el mundo? ¡Vaya que es difícil saberlo! Sucede que las cosas negativas están en todos los medios de comunicación, mientras que las positivas escasean en los medios, más no en la realidad. ¿Pero cómo estar seguros de que lo bueno abunda, aunque los medios no se ocupen de ello? ¿Qué encuesta se puede hacer? ¿Qué estudio? ¿Qué investigación?

La Sabiduría universal nos enseña que si el mal llegare a ser total, la aniquilación del universo tendría lugar en ese momento. Esto lo vemos fácil si pensamos en una ciudad cualquiera, donde ni uno solo de sus habitantes fuera honrado. Es decir, todos en esa ciudad son ladrones. Con solo pensarlo unos segundos concluimos que tal sociedad se destruiría a sí misma. Simplemente no podría existir. ¿Qué tal una sociedad donde todos son asesinos, donde todos son drogadictos, donde todos son racistas, etc.?

En consecuencia, aunque el ruido de fondo de los medios sea el de lo malo, parece que quienes albergan pensamientos y sentimientos buenos son mayoría. De lo contrario hacía tiempos que no existiríamos como planeta.


Sin embargo, ¿podría algún día suceder? Es posible. Pero para evitarlo es obligación moral de todos nosotros hacer el esfuerzo (porque para el bien hay que hacer un esfuerzo, no así para el mal) de ser buenos. Así suene un poco cursi eso de “ser buenos”, pero solo suena cursi. No lo es en realidad. Todos sabemos qué quiere decir “ser buenos”. 

El mundo tiene que avanzar y llegar cada vez a puntos más elevados de evolución. Del caos surge el orden. Nos asustamos porque solo vemos caos, pero vamos avanzando, aunque a veces tengamos que verter nuestra propia sangre.     

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