miércoles, septiembre 14, 2016

¿Se puede controlar la mente?


Hay momentos en la vida, pero solo momentos, en que parece que estoy auto controlado. Recién he despertado y luego de la ducha siento energía y serenidad. Al salir hacia el trabajo encuentro que está lloviendo. Iba a maldecir, pero me controlo. “Al fin y al cabo, ¿qué puedo hacer yo contra la lluvia?”, pienso y sigo mi camino, sintiendo ese gusto, ese placer, esa euforia íntimas que me da el saberme auto controlado. Entonces aparece en la esquina un auto a mucha velocidad. En ese momento me doy cuenta que el piso está encharcado y no alcanzo a huir cuando una ola cortante, fría y envolvente me ensopa de pies a cabeza.
  
El auto control no me duró más que 25 o 30 minutos. Ahora soy una fiera. Si pudiera agarrar a ese conductor, muy seguramente lo asesinaría. No es un símil. Dios sabe que no es un símil. Lo mataría y lo comería a pedazos. De ese momento en adelante, hasta que volví a la cama a las 11 de la noche, el día fue la misma mierda de todos los días.
  
Si pudiera ser auto controlado por lo menos un día al mes, ya sería una gran cosa. Hacerlo 30 días al mes, parece imposible. Vivir una vida auto controlada, parece que no es de humanos. Entonces, ¿debo desistir? Pero he descubierto que la mayoría de mis problemas provienen de una mente desordenada. De una mente no enfocada, no controlada. Si me he propuesto acercarme lo más posible a la paz, tengo que seguir intentándolo.
  
Ya sé que la paz y la serenidad no están en el dinero, ni en nada exterior. Que están en el interior. Pero nadie me había dicho (nadie, porque tenía que descubrirlo por mí mismo) que para iniciar el camino a la paz y la serenidad tenía que empezar por controlar mi mente. Y controlar la mente es como controlar el viento. Entonces, vuelvo a preguntarme: ¿debo desistir?
  
Si desisto, entonces ya la vida no tendrá ningún aliciente para mí, pues habiendo comprobado que el dinero y todo lo que con él compro, no me sirve de nada para la paz y la serenidad, ya no tendré el empuje necesario para salir a buscarlo. Entonces ni fu ni fa. No hice nada y sí caí en depresión. O en las drogas.
  
Aquí el gran peligro de los buscadores, de los exploradores interiores. Peligros iguales o peores que los que afrontan los exploradores del mundo exterior (por ejemplo, los que se adentran en el polo o en un desierto o en la selva). Parece que la muerte es lo más inminente y que la victoria es imposible.
  

 Cuando estamos en el abismo más profundo, solo hay una dirección que seguir: hacia arriba. El control de nuestros pensamientos es vital. Es requisito sine qua non. Obviamente, debemos apoyarnos en una enseñanza lo suficientemente acreditada y no en cualquier charlatán de esos que abundan más que la pobreza y que solo quieren sacarte dinero. Yo aconsejo la tradición del Yoga. Aunque todavía no controlo mi mente ni siquiera un día completo, sé que sí se puede. “Querer es poder”, aunque nos tomemos todo el resto de vida que nos quede.

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