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Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

miércoles, septiembre 28, 2016

¿Rey por un día?


El sueño de ser rey por un día es frecuente en casi todas las personas. La mayoría lo hemos soñado alguna vez en la vida, no importa que sea con variantes. En mi caso, soñé algunas veces con que ganaba el premio mayor de la lotería. Un amigo mío soñaba con ser capo del narcotráfico. Las variaciones pueden ser tantas como soñadores haya.

Algo extraño: para ser tan poderosos, somos de muy buen corazón: siempre vamos a ayudar a algunas personas pobres, en primer lugar de nuestra familia. Después, a algunos buenos amigos e inclusive a personas desconocidas, por ejemplo, fundando un asilo para ancianos desposeídos o un orfanato, etc. Hay quienes fundarían industrias para generar empleo. Todo eso y muchas otras cosas, que son inusuales en los poderosos, están a flor de piel en las personas del común que soñamos alguna vez con ser rey por un día o una noche.

Pero ¿qué haríamos con nuestros enemigos? ¿Con nuestros malquerientes? ¿Con los que nos patearon y nos humillaron y nos ofendieron de cualquier forma? ¿Con los que simplemente nos caen pesados? 

Hagamos el ejercicio: revisemos nuestra vida y recordemos a esa persona que odiamos. No hay tal de que “yo no odio a nadie”. Esas son mentiras que nos decimos porque es un bello ideal: no odiar a nadie y, por el contrario, amar a todos. Es el ideal que perseguimos y que ojalá algún día todos logremos. Es la evolución espiritual. Pero hablando en plata blanca, en el estado de evolución en que hoy está la mayoría de la humanidad, siempre hay, al menos, un rencor y/o un odio en el fondo del corazón.

Entonces, si soy rey por un día, aplicaría ojo por ojo y diente por diente: si me pateó, lo patearé; si me escupió, lo escupiré; si me humilló, lo humillaré. No hay lugar a compasión, ni a perdón, ni a conciliaciones. Simplemente lo haré pedazos sin ninguna consideración, eso sí, sin perjuicio del hogar para ancianos desvalidos que voy a fundar. Para quienes en este punto están pensando que sí les gustaría la venganza, pero que no lo harían porque temen a la Justicia, les recuerdo algunas características del rey:


-Haga lo que haga, saldrá indemne. La Ley no es para los poderosos.
-Cuando se conozca su venganza, todos sus áulicos de rodillas le dirán que era lo único ‘digno’ que se podía hacer.
-Si, por cualquier razón, quiere ocultar su venganza, será muy fácil, porque tiene ejércitos de manipuladores de opinión a su servicio.
-Si quiere que su venganza de algo perverso se convierta en virtud, sucederá lo mismo por los mismos ejércitos del punto anterior.

Podía extenderme pero esta entrada la hago solo en consideración a lo que dice la sabiduría popular: “Si un hombre no puede gobernar sus propios instintos, ¿cómo puede gobernar a todo un pueblo?” Esta pregunta hace pensar que un gobernante debe ser alguien muy especial. Alguien superior a los demás, no por cuestiones de dinero o sociales, sino porque es de los pocos que se saben gobernar a sí mismos y, por lo tanto, nos sabrá gobernar bien.

Al mirar a quienes nos gobiernan y ver sus conductas personales, por no hablar de sus desastrosos gobiernos (porque lo uno se refleja en lo otro), y sabiendo que nosotros mismos los elegimos, no nos queda otro camino que aceptar que la democracia se acabó, porque ese tipo de personajes, llamados “políticos”, la secuestró, y con la democracia así secuestrada se perpetuaron en el poder. ¿Cómo hacer para que las personas capaces de gobernarse a ellas mismas nos gobiernen a los demás?

Si nos ponemos a la tarea, podemos crear algo distinto y mucho mejor que la democracia que nos fue robada ya hace mucho tiempo, junto con el erario público.



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