Acerca de mí

Mi foto
Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

lunes, septiembre 19, 2016

¡Lucha!


Cuando se tiene la certeza de que vinimos a este mundo a evolucionar, es decir, a salir de él mejores de lo que llegamos, la lucha interna es un cataclismo. Puede ponerse en otros términos: si soy espiritual, vivo en constante pugna con mi materialidad.

Y es que estamos apresados completamente por la materia. Es como si estuviéramos fundidos a un bloque de concreto. Hemos aprendido a pensar de cierta manera desde la infancia y cuando ya somos adultos no podemos cambiar esa forma de pensar fácilmente. Lo malo es que no podemos mejorar sin cambiar de pensar.

Las leyes humanas señalan este hecho. Todas las constituciones políticas del mundo señalan en sus primeros artículos que el derecho a la vida es sagrado. ¿Por qué? Porque los asesinatos por cualquier razón son lo más generalizado entre los humanos. Si así no fuera, no estaría consagrado ese derecho en primerísimo lugar en las constituciones.

De ahí en adelante, es nuestra proclividad a mentir, a robar, a aprovecharnos de los demás, a tratar de surgir pisoteando a los demás. Eso es lo que tratan de controlar todas las leyes que en el mundo han sido desde los Diez Mandamientos hasta hoy.

Pero también los humanos somos capaces de las cosas más sublimes. Dentro de estas, una cosa no muy notoria, pero que también es sublime: tratar de mejorarnos. Tratar de superar esa materia que nos obliga a matar, robar, mentir, etc. Cuando empezamos a luchar en ese sentido, es cuando nos damos cuenta del bloque de concreto en que estamos.

¡Solo quien honestamente lo ha intentado sabe lo difícil que es! Solo quien honestamente lo ha intentado sabe de las decepciones que nos producimos a nosotros mismos. Y solo quien lo ha intentado honestamente, aprende a conocerse un poco más. A conocer sus debilidades, y por esta razón, a no juzgar con tanta dureza a los demás.


Por lo menos esto ya es ganancia. Si por conocer nuestras debilidades y nuestra incapacidad para romper los viejos moldes de pensamiento y acción, ya juzgamos menos duramente al prójimo, esto ya es ganancia. ¡Mucha ganancia! Cuando aprecio esta mejora, entonces me digo a mí mismo: vale la pena seguir luchando. ¡Claro que vale la pena! Entonces me levanto del charco de mi decepción, me sacudo el lodo y sigo adelante. ¡Quiero morir siendo un poco mejor! 

No hay comentarios.: