miércoles, septiembre 28, 2016

¿Rey por un día?


El sueño de ser rey por un día es frecuente en casi todas las personas. La mayoría lo hemos soñado alguna vez en la vida, no importa que sea con variantes. En mi caso, soñé algunas veces con que ganaba el premio mayor de la lotería. Un amigo mío soñaba con ser capo del narcotráfico. Las variaciones pueden ser tantas como soñadores haya.

Algo extraño: para ser tan poderosos, somos de muy buen corazón: siempre vamos a ayudar a algunas personas pobres, en primer lugar de nuestra familia. Después, a algunos buenos amigos e inclusive a personas desconocidas, por ejemplo, fundando un asilo para ancianos desposeídos o un orfanato, etc. Hay quienes fundarían industrias para generar empleo. Todo eso y muchas otras cosas, que son inusuales en los poderosos, están a flor de piel en las personas del común que soñamos alguna vez con ser rey por un día o una noche.

Pero ¿qué haríamos con nuestros enemigos? ¿Con nuestros malquerientes? ¿Con los que nos patearon y nos humillaron y nos ofendieron de cualquier forma? ¿Con los que simplemente nos caen pesados? 

Hagamos el ejercicio: revisemos nuestra vida y recordemos a esa persona que odiamos. No hay tal de que “yo no odio a nadie”. Esas son mentiras que nos decimos porque es un bello ideal: no odiar a nadie y, por el contrario, amar a todos. Es el ideal que perseguimos y que ojalá algún día todos logremos. Es la evolución espiritual. Pero hablando en plata blanca, en el estado de evolución en que hoy está la mayoría de la humanidad, siempre hay, al menos, un rencor y/o un odio en el fondo del corazón.

Entonces, si soy rey por un día, aplicaría ojo por ojo y diente por diente: si me pateó, lo patearé; si me escupió, lo escupiré; si me humilló, lo humillaré. No hay lugar a compasión, ni a perdón, ni a conciliaciones. Simplemente lo haré pedazos sin ninguna consideración, eso sí, sin perjuicio del hogar para ancianos desvalidos que voy a fundar. Para quienes en este punto están pensando que sí les gustaría la venganza, pero que no lo harían porque temen a la Justicia, les recuerdo algunas características del rey:


-Haga lo que haga, saldrá indemne. La Ley no es para los poderosos.
-Cuando se conozca su venganza, todos sus áulicos de rodillas le dirán que era lo único ‘digno’ que se podía hacer.
-Si, por cualquier razón, quiere ocultar su venganza, será muy fácil, porque tiene ejércitos de manipuladores de opinión a su servicio.
-Si quiere que su venganza de algo perverso se convierta en virtud, sucederá lo mismo por los mismos ejércitos del punto anterior.

Podía extenderme pero esta entrada la hago solo en consideración a lo que dice la sabiduría popular: “Si un hombre no puede gobernar sus propios instintos, ¿cómo puede gobernar a todo un pueblo?” Esta pregunta hace pensar que un gobernante debe ser alguien muy especial. Alguien superior a los demás, no por cuestiones de dinero o sociales, sino porque es de los pocos que se saben gobernar a sí mismos y, por lo tanto, nos sabrá gobernar bien.

Al mirar a quienes nos gobiernan y ver sus conductas personales, por no hablar de sus desastrosos gobiernos (porque lo uno se refleja en lo otro), y sabiendo que nosotros mismos los elegimos, no nos queda otro camino que aceptar que la democracia se acabó, porque ese tipo de personajes, llamados “políticos”, la secuestró, y con la democracia así secuestrada se perpetuaron en el poder. ¿Cómo hacer para que las personas capaces de gobernarse a ellas mismas nos gobiernen a los demás?

Si nos ponemos a la tarea, podemos crear algo distinto y mucho mejor que la democracia que nos fue robada ya hace mucho tiempo, junto con el erario público.



jueves, septiembre 22, 2016

¿Y el Maestro?


En la reflexión sobre el conocimiento de sí mismo, que es lo más importante que hay en la vida, se deja ver la importancia de un maestro. Pero, ¿dónde encontrar uno? Visto el asunto desde otro aspecto, ¿alguien puede enseñarle a uno a conocerse a uno mismo? 

El único que puede conocerse a sí mismo es uno mismo. Cada uno de nosotros nos tenemos a nosotros mismos más cerca que nuestro aliento y nuestras manos. Entonces, nadie puede enseñarnos a conocernos, excepto nosotros mismos.

Esto viene a colación porque muchas personas quisieran conocerse y empiezan a buscar un maestro. La mayoría de las veces, lo encuentran y al cabo de algunas semanas caen en cuenta que el hombre (o mujer) o era un charlatán o un comerciante o ambas cosas. Pero de conocimiento de sí mismo, ¡nada! La verdad es que los prohombres que podrían servirnos serían el Buda Gautama, el  Señor Jesús, Confucio, Lao Tse, Sócrates…

No obstante lo anterior, puedo afirmar que SÍ hay maestros entre nosotros que pueden ayudarnos a llegar hasta el borde de nuestro propio interior, y esa ayuda es un privilegio inconmensurable, porque realmente en el mundo debe haber muy pocos, que por supuesto no se anuncian y que no cambian un conocimiento tan excelso por dinero. 

El verdadero maestro nos ayudará mostrándonos ciertas cosas que no vemos; quizá también con técnicas, ejercicios, consejos y quién sabe con qué otros recursos, para que lleguemos poco a poco a descubrir nuestra esencia, nuestra nuez, la que una vez conocida, nos cambiará por completo la vida. 

Habremos encontrado entonces un sentido al torbellino de la vida que con todas sus tragedias, injusticias y dolores, nos mantiene decepcionados y hasta deprimidos. Habremos descubierto la causa del torbellino y descubierta la causa, desvelado el misterio.

Cada ser humano es un universo diferente de los demás y por eso no hay una fórmula única para llegar al fondo de todos. Los médicos saben que a cada paciente hay que darle su propia dosis de medicamento, dependiendo de diversos factores. 

Si hubiere muchos maestros de conocimiento interior, a cada alumno le darían un tratamiento diferente. Pero no hay muchos. Hay pocos y no se anuncian. Así que debemos emprender por nosotros mismos la búsqueda interior, que cuando hayamos caminado un trecho, con toda seguridad el maestro llegará.

En el Sermón del Monte, el Señor Jesús dijo: “… buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá…”.


lunes, septiembre 19, 2016

¡Lucha!


Cuando se tiene la certeza de que vinimos a este mundo a evolucionar, es decir, a salir de él mejores de lo que llegamos, la lucha interna es un cataclismo. Puede ponerse en otros términos: si soy espiritual, vivo en constante pugna con mi materialidad.

Y es que estamos apresados completamente por la materia. Es como si estuviéramos fundidos a un bloque de concreto. Hemos aprendido a pensar de cierta manera desde la infancia y cuando ya somos adultos no podemos cambiar esa forma de pensar fácilmente. Lo malo es que no podemos mejorar sin cambiar de pensar.

Las leyes humanas señalan este hecho. Todas las constituciones políticas del mundo señalan en sus primeros artículos que el derecho a la vida es sagrado. ¿Por qué? Porque los asesinatos por cualquier razón son lo más generalizado entre los humanos. Si así no fuera, no estaría consagrado ese derecho en primerísimo lugar en las constituciones.

De ahí en adelante, es nuestra proclividad a mentir, a robar, a aprovecharnos de los demás, a tratar de surgir pisoteando a los demás. Eso es lo que tratan de controlar todas las leyes que en el mundo han sido desde los Diez Mandamientos hasta hoy.

Pero también los humanos somos capaces de las cosas más sublimes. Dentro de estas, una cosa no muy notoria, pero que también es sublime: tratar de mejorarnos. Tratar de superar esa materia que nos obliga a matar, robar, mentir, etc. Cuando empezamos a luchar en ese sentido, es cuando nos damos cuenta del bloque de concreto en que estamos.

¡Solo quien honestamente lo ha intentado sabe lo difícil que es! Solo quien honestamente lo ha intentado sabe de las decepciones que nos producimos a nosotros mismos. Y solo quien lo ha intentado honestamente, aprende a conocerse un poco más. A conocer sus debilidades, y por esta razón, a no juzgar con tanta dureza a los demás.


Por lo menos esto ya es ganancia. Si por conocer nuestras debilidades y nuestra incapacidad para romper los viejos moldes de pensamiento y acción, ya juzgamos menos duramente al prójimo, esto ya es ganancia. ¡Mucha ganancia! Cuando aprecio esta mejora, entonces me digo a mí mismo: vale la pena seguir luchando. ¡Claro que vale la pena! Entonces me levanto del charco de mi decepción, me sacudo el lodo y sigo adelante. ¡Quiero morir siendo un poco mejor! 

jueves, septiembre 15, 2016

¿Quiénes nos tienen en sus garras?

¿Quiénes nos tienen en sus garras? Bueno, esta pregunta no a todo el mundo le interesa. Incluso, habrá quien la piense con extrañeza: “¿acaso alguien nos tiene agarrados?”. Sin embargo, para los pocos a quienes nos interesa la pregunta, aquí va esta reflexión:
Lo más obvio, para el caso de que seas empleado, es que te tiene agarrado tu empleador, por todo lo que tú trabajas, todo lo que él gana y lo poco que tú ganas. Basta mirar los estados de pérdidas y ganancias de la empresa y compararlos con tus ingresos. Así que las mejores horas de tu vida, de 8 a 6, no son tuyas, las tienes hipotecadas a alguien, todo porque necesitas comer, pagar la renta, etc.
¿Por qué tu vida no es tuya? No es tuya porque no haces lo que quieres y te gusta, sino que pasas horas y horas produciendo riqueza para alguien más. Si eres mujer, ¿por qué no puedes estar todo el tiempo con lo que más amas, que son tus hijos? ¿Y el salario compensa este “no vivir tu vida”? ¡Categóricamente no!
Evidentemente, algo no cuadra. Los humanos no podemos vivir nuestras propias vidas y parece que nuestro empleador nos tiene en su poder. Pero no es el empleador el que nos tiene en su poder: Es todo un sistema perverso que ha calculado todo de tal manera que nunca tengas tus deseos satisfechos. Necesitamos comer, tener techo, educarnos, ocio, etc. Si tuviéramos todas estas necesidades satisfechas, no necesitaríamos hipotecar nuestra propia vida a nadie. Haríamos nuestros propios planes para pasar todos los días con nosotros mismos.
Mas, por extraño que parezca, nunca tenemos las necesidades básicas satisfechas, porque de lo contrario, no volveríamos a trabajar, ¿verdad? Si compré un apartamento, no puedo disfrutarlo porque hay una hipoteca. Si pude comprar comida para este mes, no me queda para comprar la de los meses subsiguientes. Y así por el estilo. El andamiaje económico no permite que viva mi vida, ni aun teniendo donde vivir y comida en mi plato, porque ese andamio está armado de tal manera, que tengas siempre que ir a donde tu empleador a producirle riqueza. Ni hablemos de los desempleados y los habitantes de la calle.
Entonces, ¿qué hacer para vivir tu vida? La respuesta es muy triste: no hay nada qué hacer. Simplemente en este mundo vinimos a vivir una vida sin sentido. A enriquecer a otros, a vivir una vida que no es nuestra. Para verlo mejor, suma las horas en que estás en tu trabajo más el tiempo en ir y venir y compáralas con las que vives contigo mismo (en estas últimas, no tengas en cuenta las horas de sueño).
En la sociedad existen los revolucionarios. Son gente admirable, porque solo una revolución puede ayudar a derrumbar definitivamente el estado de cosas tan injusto en que estamos revolcados. Pero dejémosles a ellos esa labor, si es que algún día la pueden hacer y es deseable que esa revolución sea pacífica, como nos enseñó Gandhi, que libertó a 500 millones sin violencia.
Volviendo a nuestro tema, además de los ricos, hay un grupo de personas que, si quisieran, podrían vivir su vida para ellos: los pensionados (dentro de los cuales me cuento). Lástima que ya estemos viejos y no tengamos la suficiente fuerza física, pero por el contrario y con gran ventaja, tenemos nuestras facultades mentales intactas y la experiencia necesaria para repetir con la sabiduría popular que, “perro viejo ladra echao”. Podemos apreciar las cosas desde un punto de vista diferente al de todo el mundo. Para entender mejor este punto, haré una pequeña digresión:
En la tradición del Hinduismo, el hombre debe educarse hasta los 20 años. Después, al asumir las responsabilidades de una familia, debe trabajar para sacarlos adelante y este período va hasta los 50 años. De ahí en adelante, los hijos se encargarán de él (en épocas de la tradición no había Fondos de Pensiones) para que pueda dedicarse a buscar en su interior las verdades espirituales. Este período va hasta la muerte. 
Esta digresión es para resaltar cómo la vejez es una edad de oro en el contexto de la vida, no como se cree en nuestra metalizada sociedad, que un viejo es deseable que se muera rápido porque hace estorbo. Pues no es así. El viejo tiene el privilegio de adentrarse en el problema y descubrir la raíz del mal. Él ya no va hacer revoluciones y si alguna hace, será no violenta.
Ante la pregunta, ¿quién nos tiene en sus garras?, el viejo, después de meditar, concluirá que aunque en apariencia son los bancos, las multinacionales, los gobiernos, etc., verdaderamente lo que nos tiene en sus garras son los deseos. Los deseos que tenemos son infinitos y solo podemos cumplir unos pocos. La sociedad capitalista lo sabe, y para mantenernos en el redil nos muestra millones de cosas deseables. Saben que  nunca vamos a estar saciados. Los deseos nacen como conejos. Si tengo un apartamento y lo acabé de pagar, ahora quiero otro. Si tengo un auto y ya es mío, ahora tengo que cambiarlo por uno último modelo. Si tengo… si tengo… si tengo… y todo se traduce en deber siempre dinero, es decir, no vivir mi vida y sí trabajar durísimo para pagar las deudas.
Entonces, el anciano  puede concluir (y un joven también) sin muchas dudas, que lo mejor es no desear, o desear muy poco. Para lograr la independencia y vivir una vida nuestra, no hay que desear. Obviamente que siempre vamos a desear almorzar y dormir, pero no me refiero a esos deseos básicos. Me refiero a todos los deseos que la sociedad consumista nos ofrece: esos deseos hay que castrarlos. ¿Pero será posible? Sí. Es difícil, pero se puede. En las tradiciones orientales existe todo un camino para que, por etapas, vayamos despojándonos de los deseos.
En resumen: No todos los ancianos van a llegar a esta conclusión, pero sí una buena parte de ellos. Ahora, los que están en plena lucha por la vida, difícilmente pueden pensar y/o salirse del sistema. Pero cuando lleguen a la edad de retiro (si es que dentro de pocos años no acaban con eso del “retiro”), pueden encontrar la forma de vivir su vida para ellos mismos estudiando su interior y empezando, por ejemplo, a dejar de desear. El sistema materialista en que vivimos tal vez se caiga solo, sin revoluciones, porque está podrido. O tal vez algunos revolucionarios pacíficos lo ayuden a desplomarse incluyendo a algunos de nosotros, los ancianos, que estamos por encima y lo vemos todo con una mirada muchísimo más amplia y menos apasionada.

miércoles, septiembre 14, 2016

"Educados para NO pensar" (José Luis SAMPEDRO) Mayo, 2011




Solo hay que ver el vídeo porque sobran las explicaciones.

José Luis Sampedro Sáez fue un escritor, humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». (Wikipedia)

¿Se puede controlar la mente?


Hay momentos en la vida, pero solo momentos, en que parece que estoy auto controlado. Recién he despertado y luego de la ducha siento energía y serenidad. Al salir hacia el trabajo encuentro que está lloviendo. Iba a maldecir, pero me controlo. “Al fin y al cabo, ¿qué puedo hacer yo contra la lluvia?”, pienso y sigo mi camino, sintiendo ese gusto, ese placer, esa euforia íntimas que me da el saberme auto controlado. Entonces aparece en la esquina un auto a mucha velocidad. En ese momento me doy cuenta que el piso está encharcado y no alcanzo a huir cuando una ola cortante, fría y envolvente me ensopa de pies a cabeza.
  
El auto control no me duró más que 25 o 30 minutos. Ahora soy una fiera. Si pudiera agarrar a ese conductor, muy seguramente lo asesinaría. No es un símil. Dios sabe que no es un símil. Lo mataría y lo comería a pedazos. De ese momento en adelante, hasta que volví a la cama a las 11 de la noche, el día fue la misma mierda de todos los días.
  
Si pudiera ser auto controlado por lo menos un día al mes, ya sería una gran cosa. Hacerlo 30 días al mes, parece imposible. Vivir una vida auto controlada, parece que no es de humanos. Entonces, ¿debo desistir? Pero he descubierto que la mayoría de mis problemas provienen de una mente desordenada. De una mente no enfocada, no controlada. Si me he propuesto acercarme lo más posible a la paz, tengo que seguir intentándolo.
  
Ya sé que la paz y la serenidad no están en el dinero, ni en nada exterior. Que están en el interior. Pero nadie me había dicho (nadie, porque tenía que descubrirlo por mí mismo) que para iniciar el camino a la paz y la serenidad tenía que empezar por controlar mi mente. Y controlar la mente es como controlar el viento. Entonces, vuelvo a preguntarme: ¿debo desistir?
  
Si desisto, entonces ya la vida no tendrá ningún aliciente para mí, pues habiendo comprobado que el dinero y todo lo que con él compro, no me sirve de nada para la paz y la serenidad, ya no tendré el empuje necesario para salir a buscarlo. Entonces ni fu ni fa. No hice nada y sí caí en depresión. O en las drogas.
  
Aquí el gran peligro de los buscadores, de los exploradores interiores. Peligros iguales o peores que los que afrontan los exploradores del mundo exterior (por ejemplo, los que se adentran en el polo o en un desierto o en la selva). Parece que la muerte es lo más inminente y que la victoria es imposible.
  

 Cuando estamos en el abismo más profundo, solo hay una dirección que seguir: hacia arriba. El control de nuestros pensamientos es vital. Es requisito sine qua non. Obviamente, debemos apoyarnos en una enseñanza lo suficientemente acreditada y no en cualquier charlatán de esos que abundan más que la pobreza y que solo quieren sacarte dinero. Yo aconsejo la tradición del Yoga. Aunque todavía no controlo mi mente ni siquiera un día completo, sé que sí se puede. “Querer es poder”, aunque nos tomemos todo el resto de vida que nos quede.

miércoles, septiembre 07, 2016

¿Quién "organizó" la sociedad?

Este artículo es solo para 3 categorías de personas:

-Desempleados
-Desempleados que viven del rebusque
-Empleados que ganan hasta 3 veces el salario mínimo

(Según el DANE, estas 3 categorías conforman el 70% de los colombianos)


Cuando nacemos, llegamos a un mundo ya organizado económicamente en el que no intervenimos para nada. Simplemente, así es el mundo y tienes que jugar con sus reglas. Esto es una verdad de Pero grullo. Pero si comenzamos a pensar, nos enteraremos que detrás de esa “verdad” hay muchas mentiras. Para analizar ese “mundo ya organizado económicamente” se puede empezar por cualquiera de sus miles de facetas, y aquí voy a empezar por una de ellas:

Tú naces y de repente te encuentras con que tienes que estudiar para que cuando seas adulto puedas conseguir trabajo para mantenerte a ti y a tu familia y “ser útil a la sociedad”. De repente, estás yendo al colegio y/o universidad sin saber que en ese colegio y/o universidad lo que te enseñan es de mala o regular calidad, comparado con otras instituciones educativas muy costosas a las cuales tú no tienes acceso. 

Luego, casi sin transición, te ves en la vida laboral de mañana a noche, donde nunca te pagan lo que mereces, pisotean tus derechos, te dicen que si no te gusta, te puedes ir porque hay millones afuera dispuestos a reemplazarte. Comprendes que no tienes un mejor horizonte, porque no tuviste la educación de calidad que los que tuvieron dinero pudieron comprar (aunque también hay muchos con buena educación que no consiguen empleo).

Aquí hay que mirar otra faceta de la vida: hay millones de desempleados y a todos ellos se les dice que hay que luchar para conseguir un empleo (sacar de lo menos, más), que la vida es de los que luchan, que hay que ser optimista, etc., etc. Eso, sin contar con que te llegan los “vendedores de auto superación”, que te echan el cuento de que el bienestar físico y social está en tu mente y no en el mendrugo que tienes que compartir con tus hijos. 

Entonces te empiezas a sentir culpable por no tener el empleo o por tener uno “regulimbis”: ¡mira qué mentira más grande!: eres tú el culpable y no ese mundo al que llegaste y que estaba ya preparado para ti. Mientras tanto, tus hijos sufren las consecuencias de tu desempleo y/o “regulimbis’ empleo” y seguramente seguirán en su vida el mismo camino que tú seguiste.

Fuego fatuo: Cuando no se tiene un empleo o se tiene un empleo insatisfactorio, hay que ser ‘emprendedor’, pues muchos de los hombres más ricos del mundo no tuvieron una buena educación y crearon empresa. ¡Tú puedes ser igual a ellos! (Claro, todos somos Bill Gates en potencia. Si hay pobreza en el mundo es porque no tenemos una mente emprendedora - ???).

Preguntas: ¿A eso vinimos al mundo? ¿Qué es “ser útil a la sociedad?” ¿A qué “lucha” se refieren cuando dicen que la vida es del que “lucha”? ¿De verdad soy culpable de mi situación económica? ¿Quién tenía ya listo y organizado este mundo para mí? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Si todos los seres humanos podemos ser empresarios, entonces no habrá desempleados, rebuscadores y empleados mal pagos. Además, quién hará el trabajo pesado y/o sucio? ¿Es eso justo?


Para finalizar, esta reflexión: Si Dios existe, ya podemos culparlo a Él de todo lo malo (junto con lo bueno). Si Dios no existe y el cosmos se creó solo, como recientemente concluyó el Dr. Stephen Hawking, entonces no hay a quien culpar de nada. El mundo ya tenía unas reglas económicas esperando por ti, y esas reglas nadie las creó. (¡Pero nosotros no somos bobos!)