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Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

miércoles, abril 03, 2013

¿Y… QUÉ ESTOY HACIENDO EN ESTE MUNDO?

Es como si usted, por ejemplo, un día es adormecido con una droga y se lo llevan, digamos, para una mansión en las afueras de una ciudad muy lejana de su país. Es un sitio muy hermoso y acogedor. Sin embargo, es una cárcel. Cuando usted despierta, al verse en un sitio desconocido, rodeado de personas igualmente desconocidas, lo primero que se le viene a la cabeza son preguntas verdaderamente importantes: ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué será de mí?


Sigamos la historia suponiendo que ninguna de las personas que lo acompañan en la mansión-cárcel satisface sus preguntas. Sin embargo, usted, como es apenas lógico, está obsesionado y no deja de preguntar, de imaginar, de sacar conjeturas. No tiene tiempo de disfrutar su estadía en la mansión, que por lo demás tiene todos los lujos y comodidades de una mansión que se respete. No obstante, eso poco le importa y solo quiere averiguar la verdad de todo ese asunto.

Pasado el primer día, usted, de pronto, siente hambre. Cuando pregunta si hay algo de comer, por primera vez le responden que tendrá que trabajar moliendo granos de maíz en un molino manual, y si logra moler 25 kilos al día, tendrá derecho a cenar en la noche.

Como todos sabemos, el hambre es un instinto vital, rotundo, inevitable, y no da espera. Así que usted no tiene más remedio que pedir un molino y el grano, y arremangándose la camisa, da comienzo a su tarea. Por ahora las preguntas de qué pasará conmigo, cómo llegué, por qué estoy, etc., pueden esperar a que el aguijón del hambre sea apaciguada.

En la noche, no ha logrado usted los 25 kilos, pero le dan pan y agua para que disimule el hambre, y usted cae rendido en su hermosa cama. Al otro día, usted vuelve a preguntar qué hace allí, pero es un poco menos insistente, porque sabe que si no logra los 25 kilos de molienda, va a pasar hambre, y entonces inicia más temprano su labor.

Pasando los días, usted cada vez pregunta menos, y trabaja más. Con el tiempo, no solo logra los 25 kilos, sino que ya va por los 35 kilos, y entonces no solo puede cenar, sino que también puede almorzar. Días más adelante, logra 45 kilos, y puede incluso desayunar. Cuando pasados algunas semanas, usted logra moler 125 kilos al día, tiene derecho a tener sexo, y así sucesivamente, va teniendo más y más ‘derechos’, y es cuando ya definitivamente olvida sus preguntas iniciales, y cree a pie juntillas que usted está en ese sitio para moler maíz, lograr metas, y darse gusto.

Esa es la situación de la mayoría de los seres humanos en esta tierra, que por atender a sus necesidades materiales, las cuales por obvias razones son lo primero, olvidan hacer las preguntas verdaderamente importantes. Y al olvidar hacer las preguntas importantes, jamás conocerán la verdad de quienes son, de dónde vinieron y dónde están. En consecuencia, no sabrán nunca cuál es su Verdad.

Piense: ¿De verdad usted cree que llegamos a este bárbaro mundo solo a comer, trabajar, tener sexo, enfermar y morir?