domingo, enero 01, 2012

¿VALE LA PENA DESEAR TANTAS COSAS?



 Cuando en determinado momento se fija la vista en el mundo espiritual, es porque la persona está cansada de buscar la felicidad en el exterior, sean circunstancias, personas o cosas.
 La vida espiritual llega al ser humano como el grado más alto de su experiencia. Mientras se busque lo externo como medio para la felicidad, se seguirá en un nivel inferior de experiencia, es decir, la misma vida que todos conocemos: trabajo, dinero, propiedades, vida social, poder, sexo, drogas, licor, y muchas otras cosas tangibles que existen en el mundo, que conducen a felicidades pasajeras, y por tanto, se sigue buscando y buscando la Felicidad Verdadera y Duradera, sin encontrarla, en una espiral que cada vez nos eleva más y más en el mundo de la tensión, la ansiedad, la angustia, la frustración y la depresión.

Mas para tomar el sendero espiritual, debe haber una ruptura, una ‘muerte’ para las cosas del mundo, sin que esto quiera decir que debemos dejar de trabajar, y de tener las cosas básicas para vivir, ya que con hambre, no hay vida de ninguna clase, ni material ni espiritual. La muerte para las cosas materiales se refiere a los deseos. Somos seres que permanentemente estamos deseando objetos, y esa es la chispa que dispara la espiral del mundo de la ansiedad. Los deseos nos encadenan y condenan a la angustia.



No es posible dejar de desear todas las cosas que nos rodean al mismo tiempo. Se debe hacer poco a poco. Primero, un deseo, después otro. Mucho después, tal vez, en nuestras vidas existan muy pocos deseos, y entonces estaremos muy cerca de la Verdadera y Duradera Felicidad. La Felicidad con mayúsculas, es inversamente proporcional al número de deseos que alberguemos en nuestro corazón. Por esta razón, quienes solo poseen los bienes materiales necesarios para un modesto vivir, son menos infelices que los que tienen bienes materiales de sobra.

Al respecto, el Maestro Swami Sivananda, en su artículo VEINTE IMPORTANTES INSTRUCCIONES ESPIRITUALES, nos aconseja: “Reducir las necesidades. Si usted tiene cuatro camisas, reduzca el número a tres o dos. Lleve una vida feliz. Evite la preocupación innecesaria. Lleve una forma de vida simple y siempre tenga pensamientos elevados”.

El Buda nos enseña que cuando nuestro deseo, nuestro constante descontento con lo que tenemos, y nuestro anhelo por tener más y más nos causan sufrimiento, deberíamos dejar de tenerlos, porque después de todo, ¿cuál es el propósito de la vida: poseer o estar contento y feliz?

El Bhagavadgita, nos dice: “Una persona que no se perturba por el incesante fluir de los deseos -los que, cual ríos, entran al océano, que a pesar de estarse llenando, siempre permanece quieto- es la única persona que puede alcanzar la paz, y no el hombre que se esfuerza por satisfacer tales deseos” (Capítulo 2, verso 70).

¡Vale la pena luchar por la Verdadera Felicidad! Es una lucha difícil, como todas las cosas que valen la pena en la vida. No se necesita dinero para alcanzar la Verdadera Felicidad, pues lo que con dinero se compra, es fácil de alcanzar y además, tarde o temprano se acaba.