miércoles, julio 23, 2008

El Poder de la Oración

Después de buscar la Paz sin encontrarla, en el dinero, en el sexo, en el alcohol, en el arte, en la academia, en la nueva era, en los alucinógenos, en la psicoterapia, en lecturas de autosuperación, en la música, estuve a punto de enloquecer. En el borde de la insania, hice lo más elemental que puede hacer una persona; algo que me habían enseñado mis padres desde tierna edad: caí de rodillas y clamé a Dios, si era que existía, para que me ayudara a salir del infierno que estaba viviendo.

Y vaya si existía. El resultado no se hizo esperar. Parecía una polea. Oraba y sentía una leve mejoría, volvía a orar y sentía que la mejoría aumentaba. Como cuando uno hala una cuerda de polea: entre más hale, más sube; sube poco, pero sube. Todavía estoy subiendo, poco a poco, mis problemas no se han acabado, pero la desesperación cesó, y ahora sé que hay un poder indescriptible que me eleva y me da fortaleza y protección.

Mis padres me enseñaron de niño a orar. A medida que crecí, me volví incrédulo, y hube de llegar al borde del precipicio para recordar mis primeras enseñanzas, que a la postre me salvaron.

Si usted está desesperado, quiero compartir esto: haga algo tan sencillo como orar a Dios; sin sectarismos, sin prejuicios. La Divinidad es una sola, aunque tiene incontables nombres y formas. Por la cultura en que he vivido, yo la visualizo como la Virgen María.