jueves, febrero 01, 2007

¿QUERER ES PODER?

En la búsqueda interior llega el momento en que todo se subordina a encontrar la felicidad. ¿Es posible hallar la felicidad? Es posible. Yo aún no la encuentro pero estoy seguro de que existe. Estoy seguro porque grandes seres humanos desde tiempos inmemoriales así lo han afirmado, lo afirman y lo afirmarán. Ahora no dudo de ellos, porque he seguido el consejo del Buda, quien nos insta a que no aceptemos las cosas sin analizarlas previamente. Yo he seguido su consejo, repito, y he llegado a la conclusión de que verdaderamente existe el estado de felicidad para el ser humano.

Las enseñanzas de estos grandes seres no tienen la menor fisura, y si seguimos el camino indicado, inevitablemente conseguiremos el estado de felicidad. Entonces, ¿por qué la inmensa mayoría de los humanos nos debatimos entre el sufrimiento? ¿Por qué muchas personas no dudan de las enseñanzas, pero no obstante siguen siendo infelices? Como por ejemplo, quien esto escribe.

La respuesta es que vistas desde el punto de vista intelectual, las enseñanzas son de una perfección y sencillez sublimes. Pero la felicidad no se puede lograr por medios intelectuales. Es algo mucho más sencillo pero a la vez más difícil: Es menester VIVIR LAS ENSEÑANZAS. He ahí el punto.

En un tiempo, creí ingenuamente que sentándome a meditar iba a alcanzar mi meta. Nada ocurrió además de sentirme relajado por unos minutos, a lo sumo horas. El sufrimiento continuó. Volví a revolcarme en mi propio charco de autocompasión, volví a soltar la disciplina, volví a lo mismo: impotente ver pasar la vida mientras me acerco a la muerte.

Soy de los que no tienen un maestro. Dichosos aquellos que lo tienen. A mi me ha tocado buscar en los libros y pensar por mi mismo. Pensar mucho y digerir mucho. Dudar mucho y aceptar mucho. Desechar mucho, también.

De pronto recordé los cinco preceptos del budismo:
1.- No hacer daño a nadie
2.- No mentir
3.- No robar
4.- No tener sexo ilícito
5.- No intoxicarme

Recordé que en el cristianismo son los mismos preceptos y que en todas las tradiciones espirituales son los mismos. Además de aprender a tener una actitud permanentemente amorosa y compasiva.

Si uno no se ciñe estrictamente a estos preceptos elementales, que son la base de todo el desarrollo ulterior, nunca se podrá avanzar en el camino rumbo a la felicidad. Lo interesante del caso, es que en nuestra cultura occidental, estos preceptos nos los enseñan desde la infancia sean cristianos o no nuestros padres.

Pero nunca los ponemos en práctica. Estamos felices bebiendo, teniendo sexo desenfrenadamente, y ni hablar de las triquiñuelas que hay que hacer para “tener éxito en la vida”. Tampoco nos acordamos que debemos evitar el sufrimiento de los demás (compasión), y que debemos hacer felices a todos (amor).

Hay que empezar por lo más elemental para poder avanzar. Hay que dar el primero y sencillo paso en el largo camino. No nos engañemos con que somos unos gigantes espirituales y que nuestro primer paso nos va a poner en la mitad del camino. No es cierto. Hay que empezar por lo elemental, que no por elemental es fácil: años y años de pensar y actuar de la manera en que el mundo piensa y actúa, requieren un gran esfuerzo de nuestra parte para llegar a cambiarlos. Aunque también es fácil: “QUERER ES PODER”.

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