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Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

lunes, marzo 06, 2006

EL CONDICIONAMIENTO DE LA MEMORIA



EL CONDICIONAMIENTO DE LA MEMORIA
Extracto sacado del libro "SOBRE LA VERDAD" Por Jiddu Krishnamurti

¿Qué entendemos por memoria? Ustedes van a la escuela y están cargados de hechos, de conocimientos tecnológicos. Si uno es ingeniero, usa la memoria del conocimiento tecnológico que se requiere para construir un puente. Esa es la memoria factual. Está también la memoria psicológica. Usted me ha dicho algo agradable o desagradable, y yo lo retengo; y cuando me encuentro nuevamente con usted, lo hago con ese recuerdo, el recuerdo de lo que usted ha dicho o no ha dicho.
Hay, pues, dos recetas de la memoria: la psicológica y la factual. Se hallan siempre relacionadas entre sí; por lo tanto, no están bien definidas. Sabemos que la memoria factual es esencial como medio de vida. Pero ¿es esencial la memoria psicológica? ¿Cuál es el factor que la retiene? ¿Qué nos hace recordar el insulto o el elogio? ¿Por qué conservamos ciertos recuerdos y rechazamos otros?
Obviamente, uno conserva los recuerdos que son agradables y evita los desagradables. Si usted observa, verá que los recuerdos dolorosos son desechados más rápidamente que aquellos que no son dolorosos. Y la mente es memoria, en cualquier nivel y cualquiera que sea el nombre que uno le dé; la mente es producto del pasado, se basa en el pasado, el cual es memoria, condicionamiento.
Ahora bien, con esa memoria nos enfrentamos a la vida, debemos afrontar un reto nuevo. El reto es siempre nuevo y nuestra respuesta es siempre vieja, porque es el producto del pasado. De modo que la experiencia con memoria y la experiencia sin memoria son dos estados diferentes. Es decir, hay un reto, el cual es siempre nuevo. Yo me enfrento a él con una respuesta condicionada de lo viejo. ¿Qué ocurre entonces? Absorbo lo nuevo, no lo comprendo; y la experiencia de lo nuevo se halla condicionada por el pasado. Así pues, hay una comprensión parcial de lo nuevo, jamás hay comprensión completa. Sólo cuando la comprensión de cualquier cosa es completa, esa comprensión no deja cicatriz alguna de la memoria.
Cuando hay un reto, que es siempre nuevo, uno lo encara con la respuesta de lo viejo. La vieja respuesta condiciona la nueva y, por consiguiente, la distorsiona, influye en ella. Por la tanto, no hay comprensión completa de lo nuevo; en consecuencia, lo nuevo es absorbido dentro de lo viejo y, de tal modo, fortalece lo viejo. Esto puede parecer abstracto, pero no es difícil si usted lo investiga un poco más detenida y cuidadosamente. La situación que impera hoy en el mundo exige un nuevo enfoque, una nueva manera de abordar los problemas mundiales, que son siempre nuevos. Somos incapaces de abordarlos, porque lo hacemos con nuestras mentes condicionadas, con prejuicios nacionales, locales, familiares y religiosos. O sea, nuestras experiencias previas actúan como una barrera para la compresión del reto nuevo, de modo que seguimos cultivando y fortaleciendo la memoria y, por lo tanto, jamás afrontamos el reto completamente. Sólo cuando somos capaces de afrontar el reto de una manera nueva, fresca, sin que intervenga el pasado, el reto nos entrega sus frutos, sus riquezas.
El interlocutor dice: "Guardo un recuerdo y una vivida impresión de sus pláticas anteriores. ¿En qué sentido es esto una experiencia incompleta?" Obviamente, es una experiencia incompleta si es tan solo una impresión, un recuerdo. Si usted comprende lo que se ha dicho, si ve la verdad de ello, esa verdad no es un recuerdo. La verdad no es un recuerdo de la plática anterior. ¿Por qué? Porque está usted usando la plática anterior con una guía, no la ha comprendido totalmente, desea profundizarla y, consciente o inconscientemente, la mantiene en la memoria. Pero si comprende algo de manera completa, o sea, si ve la verdad de algo en su totalidad, encontrará que no guarda recuerdo alguno de ello.
Nuestra educación se basa en el cultivo de la memoria, en fortalecer la memoria. Las prácticas y los rituales de ustedes, sus lecturas y conocimientos, constituyen todos del fortalecimiento de la memoria. ¿Qué nos proponemos con eso? ¿Por qué nos aferramos a la memoria? No sé si han notado que, a medida que avanzan en años, miran hacia el pasado, recuerdan sus alegrías, sus penas sus placeres. Y cuando uno es joven, mira hacia el futuro. ¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué se ha vuelto tan importante la memoria? Por la simple y obvia razón de que no sabemos como vivir de manera íntegra, completa en el presente.
Usamos el presente como un medio con vistas al futuro; por lo tanto, el presente carece para nosotros de importancia. No podemos vivir en el presente, porque usamos el presente el presente como un pasaje hacia el futuro. Debido a que voy a llegar a ser esto o aquello, jamás hay una compresión completa de mi mismo, y la compresión de mí mismo, y -lo que soy exactamente ahora- no requiere el cultivo de la memoria. Por el contrario, la memoria es un obstáculo para la compresión de "lo que es".
No se si han notado que un pensamiento nuevo, un sentimiento nuevo, adviene sólo cuando la mente no se halla atrapada en la red de la memoria. Existe un intervalo entre dos pensamientos, entre dos recuerdos, y cuando ese intercalo puede ser mantenido, entonces, desde ese intervalo surge un nuevo estado del ser, un estado que ya no es memoria. Nosotros conservamos recuerdos y cultivamos la memoria como un medio de continuar. O sea, el "yo" y lo "mío" se vuelven muy importantes en tanto existe el cultivo de la memoria; y como casi todos juegan un papel importantísimo en nuestras vidas. Si no tuviéramos memoria, nuestra propiedad, nuestra familia, nuestras ideas, no serian tan importantes; por lo tanto, al fortalecer el "yo" y lo "mío", cultivamos la memoria. Pero si observan, verán que hay un intervalo entre dos pensamientos, entre dos emociones. En este intervalo, que no es producto de la memoria, existe una libertad extraordinaria respecto del "yo" y lo "mío"; ese intervalo es intemporal.
Miremos el problema de manera diferente. Por cierto, la memoria es tiempo, ¿no es así? Es decir, la memoria crea el ayer, el hoy, y el mañana. La memoria de ayer condiciona el hoy y, por lo tanto, moldea el mañana. O sea, el pasado, a través del presente, origina el futuro. Hay en marcha un proceso de tiempo, el cual es la voluntad del devenir. La memoria es tiempo y mediante el tiempo, esperamos alcanzar un resultado. Actualmente soy un oficinista, pero si me dan el tiempo y la oportunidad, llegaré a ser el gerente o el dueño. De modo que debo disponer de tiempo. Y con la misma mentalidad, decimos: "Alcanzaré la realidad, me acercaré a Dios". Por consiguiente, debo contar con tiempo a fin de realizarme, lo cual implica que debo cultivar la memoria mediante la práctica, la disciplina, para ser algo o alguien, para lograr cosas, para progresar; y eso significa continuación en el tiempo. Así, por medio del tiempo esperamos alcanzar lo intemporal, por medio de tiempo esperamos obtener lo eterno. ¿Es eso posible? ¿Es posible atrapar lo eterno en la red del tiempo, atraparlo por medio de la memoria, la cual pertenece al tiempo?
Lo intemporal puede existir únicamente cuando cesa la memoria, que es el "yo" y lo "mío". Si usted ve la verdad de eso – que lo intemporal no puede ser comprendido ni recibido por medio del tiempo, – entonces podemos investigar el problema de la memoria. La memoria de las cosas técnicas es esencial; pero la memoria psicológica que mantiene al "sí mismo", al "yo" y "lo mío", que causa identificación y continuación propia, es totalmente perjudicial para la vida y la realidad. Cuando uno ve la verdad de eso, lo falso se desprende; por lo tanto, no hay retención psicológica de la experiencia del ayer.
Usted ve una hermosa puesta de Sol, un bello árbol en medio del campo, lo disfruta completa y totalmente; pero después regresa a ello con el deseo de disfrutarlo otra vez. ¿Qué ocurre cuando hace eso? No hay disfrute, porque es el recuerdo de la puesta de Sol de ayer la que ahora le hace volver a ello, empujándolo, impulsándolo a disfrutar. Ayer no había ningún recuerdo, sólo una apreciación espontánea, una respuesta directa; pero hoy está usted deseoso de volver a capturar la experiencia de ayer. Es decir, la memoria está interviniendo entre usted y la puesta de Sol; por lo tanto, no hay disfrute ni existe la rica plenitud de la belleza. Por otra parte, usted tiene un amigo que le dijo algo ayer, un insulto o una lisonja, y usted conserva ese recuerdo; con ese recuerdo encuentra a su amigo hoy. En realidad, no se encuentra con su amigo; usted lleva consigo el recuerdo del ayer, el cual se interpone. Y así seguimos, rodeándonos de recuerdos, a nosotros mismos así como a nuestras acciones. En consecuencia, no hay novedad alguna, no hay frescura. Por eso la memoria convierte la vida en algo tedioso, opaca y vacío.
Vivimos en estado de antagonismo mutuo, porque el "yo" y "lo mío" se fortalecen a causa de la memoria. La memoria surge de la existencia a través de la acción en el presente; damos vida a la memoria por medio del presente, pero cuando no le damos vida, la memoria se desvanece. De modo que la memoria de hechos, de cosas técnicas, es una necesidad evidente, pero la memoria como retención psicológica es perjudicial para la compresión de la vida, para la comunión de un ser humano con otro.

1 comentario:

johntaft9907012050 dijo...

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