Acerca de mí

Mi foto
Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

jueves, diciembre 22, 2005

El Padre Sergio (Tolstoi)

El ser humano está hecho de espíritu y materia. Pero éstas no están en reposo, sino trenzadas en una lucha a muerte. Algunos no sienten la violencia del combate, otros sí. A éste grupo pertenece el padre Sergio.

En la Rusia de 1840, un joven aristócrata, brillante, apuesto, cercano al Emperador Nicolás I, es oficial de coraceros del Regimiento Imperial. A consecuencia de una decepción amorosa, cede sus bienes, renuncia al regimiento y se convierte en humilde monje.

Durante varios años, igual que en el regimiento, se esfuerza por ser el mejor en el monasterio. Practica el ayuno, la oración, la castidad, la renunciación y la lectura de los evangelios. Pero realmente bullían en él junto con la religiosidad, la duda, el orgullo y la lujuria.

No obstante, su lucha por tener fe lo impulsa hasta el punto que con el tiempo, se hace ermitaño. En la soledad, el combate con sus enemigos interiores se intensifica y una noche, después de cinco años como ermitaño, una sensual mujer llega a su puerta.

El padre Sergio la contempla un instante, que basta para sentir el llamado violento de la carne. Solo atina a rezar con mayor fervor, pero el perfume, la voz y los ruegos de la dama, lo excitan. El padre reza, no la mira, implora al cielo, la frente tocando el suelo, y por fin, ante los llamados de la hembra, le dice que en un minuto estará con ella, mientras con el hacha se corta un dedo. Luego se acerca a la mujer y ya libre del deseo de la carne, le pregunta qué quiere. Ella, descompuesta, solo atina a pedir la bendición y parte. Tiempo después, entra en un convento.

La fama del padre Sergio comienza a extenderse por la comarca. Peregrinos empiezan a buscarlo, sana a los enfermos y realiza milagros, pero su lucha continúa: se sabe orgulloso, se sabe halagado por la fama.

Un día, un mercader le lleva su hija de 22 años para que la sane. Tan pronto el padre Sergio la ve, la lujuria vuelve a aflorar; quedan a solas, la joven le dice que le ha visto en sueños poniéndole la mano en el pecho, mientras toma la mano del padre Sergio y repite la escena. El padre cede a su lujuria.

En la mañana se siente el hombre más ruin del mundo; intenta suicidarse con la misma hacha con que se cortó el dedo, pero un novicio se lo impide; entonces huye del santuario. Piensa que todo ha terminado, que Dios no existe, y acaricia la idea del suicidio. Vaga todo el día, se desespera y por fin queda dormido a campo abierto. Tiene un sueño en que un ángel le indica que busque a su prima Páshenka.

Mendigando, camina tres meses hasta la aldea donde ella vive. Es una mujer avejentada y golpeada por la pobreza y los sufrimientos; ella sola sostiene a toda la familia, inclusive al yerno enfermo, dictando clases de música; los agasaja cada que puede y se desvive por servir a propios y extraños. Se queja de su pobreza y no asiste mucho a la iglesia, pero no deja que alguien que le pide se vaya con las manos vacías. El padre Sergio comprende que él ha vivido para los hombres con el pretexto de vivir para Dios, mientras que Páshenka vive para Dios imaginándose que vive para los hombres.

La tensión de la lucha espíritu-materia ha terminado para el Padre Sergio. Pasa el resto de su vida trabajando la huerta, educando a sus hijos y visitando a los enfermos.

¿QUÉ ME ENSEÑÓ ESTA OBRA DE TOLSTOI?
Que me he torturado inútilmente. Dios no exige a nadie que se convierta en un ser excepcional –un santo-, como lo creyó el Padre Sergio (y también yo). Solo nos exige que seamos “buenos” en el sentido normal de la palabra. Que conservemos el buen humor, que trabajemos nuestras “huertas”, que eduquemos a nuestros hijos y que seamos piadosos, es decir, que no olvidemos la Religión y las buenas obras. Así de sencillo, como todo lo verdaderamente importante.

2 comentarios:

Nacho dijo...

Gracias amigo. Lei este libro hace años, y me a alegrado recordarlo. Me recuerda a lo que escribia ayer en mi blog, el Padre Sergio vivia para transcenderse a si mismo, olvidando lo inmanente, lo encarnado, negando su cuerpo, sus pasiones, ... Y poco a poco va despertando y se da cuenta de que existen los hombre, lo encarnado, ... y que los dos movimientos son necesarios; Del hombre al Espiritu, y del Espiritu a las criaturas.
Me recuerda mucho a Siddhartha (de hermann Hesse), en sus tres fases de su vida ... busqueda transcendente, lujuria terrenal, ... y el equilibrio junto al barquero.
Un abrazo amigo, ha sido un placer recordar este libro, que también me impacto.

Anónimo dijo...

Me en canta la literatura rusa y buscando acerca de tolstoi llegué acá. Tengo 47 años y apenas acabo de reiniciar mis estudios de español y literatura. Creo que seguiré visitando este sitio.

Mi correo es:

alwaysjsiete@hotmail.com