lunes, febrero 21, 2005

¿PUEDE EL HOMBRE CONOCERSE A SÌ MISMO?

Desde el frontispicio del Oráculo de Delfos, la máxima, "Hombre conócete a ti mismo", ha irradiado su inquietante luz a todo el mundo, desde los antigüedad hasta nuestros días.

Quizá hombres sobresalientes de la Humanidad, como Sócrates, Buda o Jesucristo, se conocieron a sí mismos, pues no de otra manera pudieron haber sido guías de los demás; pero el resto de la gente, ¿puede llegar a conocerse? Tal vez sí, pero es dudoso que existan más de unos pocos centenares en todo el mundo.

¿Y para qué conocerse? Aparentemente porque allí dentro de nosotros, encontraremos tanto la llave de la felicidad como la de la infelicidad, y la razón de ser de nuestras vidas en un universo aparentemente caótico.

Los humanos siempre hemos buscado la felicidad en el exterior; en la riqueza, el poder, la belleza y muchas otras cosas que existen fuera de nosotros, pero nunca la hemos encontrado; ahora bien, ¿cómo es eso de buscarla dentro de nosotros? Podría decirse que no nos cabe en la cabeza cómo la felicidad pueda encontrarse en ese extraño lugar. Pero si miramos con atención, desde el Oráculo de Delfos hasta hoy, todos los grandes hombres nos han asegurado que solo allí se encuentra el verdadero conocimiento, el perfecto equilibrio, es decir, la felicidad.

Está bien; quiero conocerme a mí mismo: ¿por dónde empiezo? He ahí la pregunta del millón. No sabemos siquiera por dónde empezar a cavar en nosotros mismos para hallar el tesoro. Y en la labor de pico y pala, ¿tendremos la suficiente fuerza de voluntad, podremos triturar las rocas, deshacernos de los escombros, soportar las aguas podridas, hasta llegar un día a vernos cara a cara nosotros mismos? Es posible que, o bien perdamos la razón o desistamos de nuestro intento. Conocerse a sí mismo, es muy fácil repetirlo; realizarlo, es labor de verdaderos hombres.

Hubo un hombre que lo hizo con rigor científico: Sigmund Freud. Aquí transcribo una parte del prólogo escrito por C. Ayala, para la edición del Círculo de Lectores de uno de los libros más importantes que se hayan escrito: "La interpretación de los sueños":

"Pero sin duda la gran hazaña de su vida, y la que le permitió de manera directa la realización de tales descubrimientos fue su autoanálisis. Hoy cualquier psicoanalista conoce el método y puede emplearlo con sus enfermos de una manera bastante segura; conoce los peligros y el modo de evitarlos; sabe cuáles son los caminos que llevan a un callejón sin salida y por consiguiente, los orilla... Pero Freud no tenía ninguna de estas ventajas. Paso a paso, se psicoanalizó con el riesgo permanente y cada vez más próximo de hundirse en la demencia al primer paso en falso, conforme avanzaba en el análisis de su inconsciente, y con el lento y terrible método -por muy eficaz que resulte-, de "prueba y error", sobre todo cuando hay que aplicarlo consigo mismo...
"Cuando Freud acabó con su autoanálisis, varios años después, había nacido una nueva ciencia. En su autobiografía no nos detalla sus sufrimientos de aquellos años, aunque los deja entrever. Pero la monumental biografía de Freud, escrita por su fiel discípulo E. Jones, es un testimonio impresionante de la capacidad, heroica en verdad, que Freud poseía de amor a la verdad...
"No es lo mismo reconocer en un paciente, otro, lejano, esencialmente no-yo, signos del origen sexual de su neurosis, de un deseo de incesto, del complejo de Edipo, etc., por muy impresionante que esto resulte como sensacional revelación de algo oculto hasta ese momento a los hombres; no es lo mismo eso, que descubrirlo consciente y deliberadamente en uno mismo, sin arredrarse ante nada, ni aun ante las horribles implicaciones de estos descubrimientos, y mientras tanto conservar la mente lúcida, para no solo seguir trabajando día a día en su consultorio, sino aún para comparar los descubrimientos realizados en el análisis de su interior, con los realizados en el interior de los demás..."

¿Puede la mayoría de la humanidad llegar a conocerse a sí misma? ¿O solo unos pocos cientos?

2 comentarios:

cora dijo...

No es posible conocerse, por eso todas las religiones lo encomian

Anónimo dijo...

Me inclino a pensar, que uno sabe de si mismo, pero como dijera Sócrates, debe dar a luz esas ideas.