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Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

lunes, febrero 21, 2005

¿PUEDE EL HOMBRE CONOCERSE A SÌ MISMO?

Desde el frontispicio del Oráculo de Delfos, la máxima, "Hombre conócete a ti mismo", ha irradiado su inquietante luz a todo el mundo, desde los antigüedad hasta nuestros días.

Quizá hombres sobresalientes de la Humanidad, como Sócrates, Buda o Jesucristo, se conocieron a sí mismos, pues no de otra manera pudieron haber sido guías de los demás; pero el resto de la gente, ¿puede llegar a conocerse? Tal vez sí, pero es dudoso que existan más de unos pocos centenares en todo el mundo.

¿Y para qué conocerse? Aparentemente porque allí dentro de nosotros, encontraremos tanto la llave de la felicidad como la de la infelicidad, y la razón de ser de nuestras vidas en un universo aparentemente caótico.

Los humanos siempre hemos buscado la felicidad en el exterior; en la riqueza, el poder, la belleza y muchas otras cosas que existen fuera de nosotros, pero nunca la hemos encontrado; ahora bien, ¿cómo es eso de buscarla dentro de nosotros? Podría decirse que no nos cabe en la cabeza cómo la felicidad pueda encontrarse en ese extraño lugar. Pero si miramos con atención, desde el Oráculo de Delfos hasta hoy, todos los grandes hombres nos han asegurado que solo allí se encuentra el verdadero conocimiento, el perfecto equilibrio, es decir, la felicidad.

Está bien; quiero conocerme a mí mismo: ¿por dónde empiezo? He ahí la pregunta del millón. No sabemos siquiera por dónde empezar a cavar en nosotros mismos para hallar el tesoro. Y en la labor de pico y pala, ¿tendremos la suficiente fuerza de voluntad, podremos triturar las rocas, deshacernos de los escombros, soportar las aguas podridas, hasta llegar un día a vernos cara a cara nosotros mismos? Es posible que, o bien perdamos la razón o desistamos de nuestro intento. Conocerse a sí mismo, es muy fácil repetirlo; realizarlo, es labor de verdaderos hombres.

Hubo un hombre que lo hizo con rigor científico: Sigmund Freud. Aquí transcribo una parte del prólogo escrito por C. Ayala, para la edición del Círculo de Lectores de uno de los libros más importantes que se hayan escrito: "La interpretación de los sueños":

"Pero sin duda la gran hazaña de su vida, y la que le permitió de manera directa la realización de tales descubrimientos fue su autoanálisis. Hoy cualquier psicoanalista conoce el método y puede emplearlo con sus enfermos de una manera bastante segura; conoce los peligros y el modo de evitarlos; sabe cuáles son los caminos que llevan a un callejón sin salida y por consiguiente, los orilla... Pero Freud no tenía ninguna de estas ventajas. Paso a paso, se psicoanalizó con el riesgo permanente y cada vez más próximo de hundirse en la demencia al primer paso en falso, conforme avanzaba en el análisis de su inconsciente, y con el lento y terrible método -por muy eficaz que resulte-, de "prueba y error", sobre todo cuando hay que aplicarlo consigo mismo...
"Cuando Freud acabó con su autoanálisis, varios años después, había nacido una nueva ciencia. En su autobiografía no nos detalla sus sufrimientos de aquellos años, aunque los deja entrever. Pero la monumental biografía de Freud, escrita por su fiel discípulo E. Jones, es un testimonio impresionante de la capacidad, heroica en verdad, que Freud poseía de amor a la verdad...
"No es lo mismo reconocer en un paciente, otro, lejano, esencialmente no-yo, signos del origen sexual de su neurosis, de un deseo de incesto, del complejo de Edipo, etc., por muy impresionante que esto resulte como sensacional revelación de algo oculto hasta ese momento a los hombres; no es lo mismo eso, que descubrirlo consciente y deliberadamente en uno mismo, sin arredrarse ante nada, ni aun ante las horribles implicaciones de estos descubrimientos, y mientras tanto conservar la mente lúcida, para no solo seguir trabajando día a día en su consultorio, sino aún para comparar los descubrimientos realizados en el análisis de su interior, con los realizados en el interior de los demás..."

¿Puede la mayoría de la humanidad llegar a conocerse a sí misma? ¿O solo unos pocos cientos?

jueves, febrero 17, 2005

¿El Diluvio Universal, sucedió en realidad?

No deja de ser inquietante que la historia del diluvio universal narrada en el Génesis y perteneciente a la cultura Hebrea, se repita en otras culturas distantes entre sí, no solo en el espacio, sino también en el tiempo.

Las similitudes son asombrosas entre las historias del diluvio de las culturas Hebrea, Caldea, Aramea, Iraní, Griega, Persa, Gálica, Escandinava, Azteca, Tolteca y Chibcha, entre otras. El argumento es el mismo: la desaparición completa de la humanidad e incluso de la flora y la fauna, excepto un puñado de ejemplares de cada especie que sobreviven en un barco. Un resumen de los diversos diluvios pueden encontrarlo en el clásico libro "The Antediluvian World" de Ignatius Donnelly, y si quieren bajarlo de Internet, pueden pinchar aquí (en Inglés)

Sin embargo, hay una cultura que no tiene diluvio universal: nada menos que la Egipcia. En efecto, la deslumbrante civilización de las pirámides no tuvo un diluvio universal, pero en cambio, los sacerdotes de Sais refirieron a Solón, cómo en un solo y terrible día con su noche, una inmensa isla ubicada más allá de las columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), fue tragada por el mar. Dicha historia fue consignada por Platón en el Timeo y el Critias, y dio como resultado uno de los enigmas más grandes y fascinantes de la Historia: la Atlántida.

Así como nos inquieta saber si estamos solos en un universo que contiene miles de millones de cuerpos celestes, también nos preguntamos si nuestro mundo conocido, es decir, la Humanidad que empieza con Egipcios y Caldeos, y que llega hasta este minuto, ¿es la única Humanidad que ha existido? A ojo de buen cubero, serían unos 6 mil años antes de Cristo, más dos mil después: 8 mil años. ¿Cuántos años tiene la Tierra?

Cuando comenzamos a leer la Historia de Egipcios, Babilonios y Mayas, se echa de ver que ya sabían astronomía, para no hablar de sus asombrosas construcciones. ¿A qué hora aprendieron? ¿Un "Noé" les enseñó? ¿Somos la única Humanidad que ha existido o por el contrario, ha habido varias antes de nosotros, y no sabemos absolutamente nada de ellas? ¿Han desaparecido ignotas civilizaciones a causa de las fuerzas naturales desencadenadas?

El horroroso Tsunami que todos sufrimos en Diciembre pasado (aunque no viviéramos en esa región), acabó en un solo y pavoroso minuto con miles de kilómetros de costas y al menos con 200 mil seres humanos. ¿No serán eventos análogos lo que los pueblos más antiguos que conocemos conservan en su memoria colectiva? ¿Diluvios? ¿Atlántidas? ¿Es imposible que nuestra arrogante civilización desaparezca en un solo y terrible día con su noche?
No sobra investigar sobre "bancos genéticos"

jueves, febrero 10, 2005

¿Podemos resistir el sufrimiento?

El sufrimiento es el crisol donde la Vida nos depura de imperfecciones. Cuando el escultor con su cincel modela la piedra, ésta sufre los golpes y no entiende que gracias a ellos, algún día dejará de ser piedra para ser obra de arte.
Sufren los enfermos, sufren los desplazados por la violencia, sufren los condenados, sufren los desempleados; y dentro de cada grupo, hay grados: sufre más quien tiene cáncer que quien tiene úlcera; sufre más el desempleado que tiene hijos que el que no los tiene, pero, ¿tiene el sufrimiento algún límite?
No. El sufrimiento no tiene límite. Quien tiene límite es el sufriente, que al no soportarlo, muere, sea por mano propia o por la sola opresión del sufrimiento.
Igual puede sucederle a la piedra, que ante un golpe del cincel, se desmorona. ¿Sabe el escultor qué piedras se desmoronan más fácilmente que otras? Por supuesto que lo sabe. Y usa determinados cinceles y golpes para una piedra basalto, y otros para una piedra caliza. A cada una, según su contextura mineral.
Así mismo, nadie recibe de parte de la Vida sufrimientos que no pueda resistir. ¿O será que la Vida, a diferencia del escultor, reparte golpes sin mirar la contextura espiritual de cada ser humano?
Baste pensar que si un escultor lo sabe, ¡cuánto más lo sabrá la Vida!
Y para terminar: si Miguel Ángel pudo lograr algo tan hermoso, como por ejemplo, el David
, ¿qué puede lograr la Vida?

miércoles, febrero 09, 2005

¿QUÉ ES EL SUFRIMIENTO?

SONETO

Si para recobrar lo recobrado
Debí perder primero lo perdido,
Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado,

Si para estar ahora enamorado
Fue menester haber estado herido,
Tengo por bien sufrido lo sufrido,
Tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado.

Francisco Luis Bernárdez

martes, febrero 01, 2005

¿QUÉ ES LA MUERTE?

Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros, porque todo bien y todo mal residen en la sensación y la muerte es privación de los sentidos. Por lo cual el recto conocimiento de que la muerte nada es para nosotros hace dichosa la mortalidad de la vida, no porque añada una temporalidad infinita, sino porque elimina el ansia de inmortalidad. Nada temible hay en efecto, en el vivir para quien ha comprendido realmente que nada temible hay en el no vivir. De suerte que es necio quien dice temer la muerte, no porque cuando se presente haga sufrir, sino porque hace sufrir en su demora. En efecto, aquello que con su presencia no perturba, en vano aflige con su espera. Así pues, el más terrible de los males, la muerte, nada es para nosotros, porque cuando nosotros somos, la muerte no está presente y, cuando la muerte está presente, entonces ya no somos nosotros. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquellos no está y éstos ya no son. Pero la mayoría unas veces huye de la muerte como del mayor mal y otras veces la prefiere como descanso de las miserias de la vida. El sabio, por el contrario, ni rehusa la vida ni le teme a la muerte; pues ni el vivir es para él una carga ni considera que es un mal el no vivir. Y del mismo modo que del alimento no elige cada vez el más abundante sino el más agradable, así también del tiempo, no del más duradero sino del más agradable disfruta

(Fragmento de la "Carta a Meneceo" de Epicuro)