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Bienvenido a este Blog. Soy un aprendiz de la vida, y por eso hago preguntas. Mi nombre es Helder Morales Sepúlveda (Cali, Colombia, 1953). Cuentista y traductor. Como cuentista, mis relatos han sido publicados a lo largo de más de 30 años de manera dispersa. De ellos hay un libro publicado, ‘El Aprendiz de Cuentista’, colección de 10 relatos maravillosos y extraños. Como traductor, he vertido al español algunos de los libros del maestro Swami Krishnanda, de ‘The Divine Life Society’, que versan sobre filosofía, meditación y práctica del yoga. Dichos libros aparecen en la página web del maestro.

martes, diciembre 12, 2017

Un relato de los sabios Védicos

La sabiduría es la misma en cualquier época. Sabiduría es sabiduría y lo contrario es ignorancia. Pero la Sabiduría cuando viene de los tiempos antiguos de la India, de China, de Grecia, etc., trae un ‘yo no sé qué’, que además de enseñarnos nos deleita. ¡Buen provecho!

Silbar y morder
Había una vez una despiadada serpiente dotada con letal veneno. La gente estaba tan aterrorizada, que nadie osaba pasar por el bosque donde ella habitaba y preferían otra ruta, por larga que fuera, para llegar a su destino.
Después de muchísimos años un famoso sabio, bendecido con cierto poder, pasó por el temido bosque y la feroz serpiente lo atacó con su veneno, pero el yogui permaneció indemne.
La serpiente quedó tan impresionada, que pidió al sabio la tomara como discípula. El sabio la aceptó bajo una condición:
-De ahora en adelante nunca vas a morder a nadie –le ordenó.
La serpiente aceptó y se convirtió en su discípula. Un par de semanas después, el sabio tuvo que abandonar a la serpiente para ir de peregrinaje. Pasaron los meses. Cuando regresó de su largo viaje, encontró que la serpiente estaba molida a golpes.
-¿Qué sucedió? –le preguntó el sabio.
-Me dijiste que no mordiera –dijo la serpiente-, y cuando las gentes se enteraron de mi promesa, comenzaron a intimidarme, a apedrearme… ¡y no hubo vejación que no me hicieran!
El yogui sonrió antes de replicar:
-Te pedí que dejaras de morder, no de mostrar tus colmillos y silbar.
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Tomado de la página web VEDIC MANAGEMENT CENTER - https://www.vedic-management.com

Título original: Rishi Tales - Hiss & Bite – Ancient Sanskrit tale of Vedic sages –Translated, retold and illustrated by U. Mahesh Prabhu

Cuentos de Sabios – Silbar & Morder – Cuento Sánscrito Antiguo de los sabios Védicos – Traducido (del Sánscrito) recontado e ilustrado por U. Mahesh Prabhu

Traducción libre del inglés al español por Helder Morales


jueves, diciembre 07, 2017

¿Engañar a la Muerte?

EL EREMITA ASTUTO

(Anónimo de la India)

Era un eremita de muy avanzada edad. Sus cabellos eran blancos como la espuma, y su rostro aparecía surcado con las profundas arrugas de más de un siglo de vida. Pero su mente continuaba siendo sagaz y despierta y su cuerpo flexible como un lirio. Sometiéndose a toda suerte de disciplinas y austeridades, había obtenido un asombroso dominio sobre sus facultades y desarrollado portentosos poderes psíquicos. Pero, a pesar de ello, no había logrado debilitar su arrogante ego. La muerte no perdona a nadie, y cierto día, Yama, el Señor de la Muerte, envió a uno de sus emisarios para que atrapase al eremita y lo condujese a su reino. El ermitaño, con su desarrollado poder clarividente, intuyó las intenciones del emisario de la muerte y, experto en el arte de la ubicuidad, proyectó treinta y nueve formas idénticas a la suya. Cuando llegó el emisario de la muerte, contempló, estupefacto, cuarenta cuerpos iguales y, siéndole imposible detectar el cuerpo verdadero, no pudo apresar al astuto eremita y llevárselo consigo. Fracasado el emisario de la muerte, regresó junto a Yama y le expuso lo acontecido.

Yama, el poderoso Señor de la Muerte, se quedó pensativo durante unos instantes. Acercó sus labios al oído del emisario y le dio algunas instrucciones de gran precisión. Una sonrisa asomó en el rostro habitualmente circunspecto del emisario, que se puso seguidamente en marcha hacia donde habitaba el ermitaño. De nuevo, el eremita, con su tercer ojo altamente desarrollado y perceptivo, intuyó que se aproximaba el emisario. En unos instantes, reprodujo el truco al que ya había recurrido anteriormente y recreó treinta y nueve formas idénticas a la suya.

El emisario de la muerte se encontró con cuarenta formas iguales.

Siguiendo las instrucciones de Yama, exclamó:

-Muy bien, pero que muy bien. !Qué gran proeza!

Y tras un breve silencio, agregó:

-Pero, indudablemente, hay un pequeño fallo.

Entonces el eremita, herido en su orgullo, se apresuró a preguntar:

-¿Cuál?


Y el emisario de la muerte pudo atrapar el cuerpo real del ermitaño y conducirlo sin demora a las tenebrosas esferas de la muerte.

Moraleja: el ego siempre nos pierde.




martes, diciembre 05, 2017

¿El planeta Tierra va a regenerarse?

Cuando nos falta el alimento y carecemos de las condiciones vitales mínimas de subsistencia no es posible vivir sanamente: estamos enfermos. De acuerdo con informes de la ONU, el año pasado el hambre afectó a 815 millones de personas. Pero como hay personas que, aunque tienen todos los días un plato de comida, no obstante carecen de otras cosas básicas para la vida, entonces y a manera de ejercicio, doblemos esa cantidad: 1.630 millones de personas carecen de condiciones mínimas de vida.

Ahora sigamos nuestro ejercicio mirando dese el otro lado: si somos 7.000 millones de habitantes y a esta cifra le restamos a quienes no tienen condiciones mínimas de vida (1.630 millones), entonces quedan 5.370 millones de personas que tienen todo para vivir sanamente. Un 76 por ciento de la humanidad.

Entonces, ¿por qué si la mayoría de los habitantes del planeta no tiene problemas con su mínimo vital, el mundo sufre tanto y es tan infeliz? Por qué, si hay tantas personas “de bien”, es decir, que crecieron en un hogar aceptable, tuvieron educación, tienen una profesión en la que son exitosas, o simplemente se ganan la vida decorosamente en cualquier oficio y, además, pueden disfrutar de “los placeres de la carne” y a veces del turismo, deportes, cultura, vida social, etc., ¿por qué esa mayoría, ese 76 por ciento, esos 5.370 millones de personas no hacen de este planeta un mundo sano y plenamente feliz?

No lo hacen  sano y feliz por la misma razón que hace que cuando estamos enfermos, por ejemplo de los riñones, estemos totalmente enfermos, aunque los riñones solo pesen 160 gramos (o sea un 0,26 por ciento de los 60 kilos, que es el peso promedio de un humano), no obstante ningún enfermo de los riñones va a decir que está sano, que se siente pleno y que es feliz, sino todo lo contrario.

Lo que nos indica la comparación salta a la vista: ese cuerpo total que se llama humanidad no puede tener salud si una parte de él, así sea mínima, está enferma. Ahora bien. Si ese gran cuerpo humano (enfermo) está sobre el planeta, cabe preguntarnos: ¿el planeta también está enfermo o está sano? La respuesta también salta a la vista: si una parte del planeta (los humanos) está enferma, todo el planeta está enfermo.

Pero el cuerpo humano en su totalidad es más o tiene mayor entidad que un órgano. Entonces uno de los remedios que se han aplicado, cuando no hay más qué hacer, es extirpar el órgano enfermo. Se puede extirpar un riñón o el apéndice; se puede amputar un miembro e inclusive se puede reemplazar el órgano mediante un trasplante, y todo esto con el fin de salvar la vida del cuerpo humano como entidad mayor que el órgano.

El planeta tiene mayor entidad que la humanidad. El cosmos se mueve por leyes infinitamente sabias y los planetas son parte del cosmos. Es posible que gracias a esa sabiduría infinita, el planeta tierra tenga mecanismos para curarse de las enfermedades. En cualquier momento puede suceder con los humanos algo parecido a la extirpación de un órgano o a la amputación de un miembro. Parece que ha ocurrido en muchas ocasiones anteriores: los famosos diluvios universales, las pestes, las sequías, el hundimiento de continentes, los meteoritos que al caer en tierra destruyen toda vida…

Última reflexión: ¿por qué, si el cosmos obedece a leyes infinitamente sabias, una parte de ese cosmos, que somos los humanos, vamos como ruedas sueltas moviéndonos ignorantemente?





jueves, noviembre 30, 2017

Cuando me parezca

El ángel de la muerte llegó un día a casa de Nasrudín y anunció:
—Tu momento ha llegado. Prepárate para ser llevado al otro mundo.
Estremecido y temblando de miedo, con el rostro tan blanco como la nieve, Nasrudín consiguió decir unas palabras de forma entrecortada:
—Soy un musulmán, y me gustaría tener una última oportunidad de demostrar que me arrepiento profundamente de mi mala conducta pasada.
—¿Qué oportunidad quieres? —preguntó el ángel.
—Si pudiera disponer de un tiempo para realizar las cinco oraciones antes de mi muerte —suspiró Nasrudín—, estoy seguro de que seguiría mi camino en paz.
—Muy bien —contestó el ángel—. Volveré mañana a esta hora, cuando hayas realizado tus cinco oraciones.
Al día siguiente, llegó a la hora fijada.
—Has tenido un día extra de vida, Nasrudín. Ahora debes venir conmigo.
—¿No me prometiste que me permitirías realizar mis cinco oraciones antes de morir?
—Así es.
—Bien, he realizado solo dos.
—¿Y cuándo dirás las demás?

—Cuando me parezca.
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No hay mejor maestro que un buen relato. En la antigüedad, antes de existir la literatura, un narrador era escuchado por decenas de oyentes. El anterior es un relato árabe.

martes, noviembre 28, 2017

¿Cómo salir de la sin salida?


Traición. Doble moral. Robo a los ciudadanos por los asaltantes callejeros y por los políticos. Drogadicción. Violencia física y mental. Hambre. Violaciones sexuales a mujeres y niños. Asesinatos a granel. Injusticias impunes por doquier. Los más viles hombres enaltecidos en al sociedad. Los más sabios ignorados, cuando no vilipendiados. Triunfo de la apariencia, la superficialidad y la ordinariez. Los niños están creciendo solos, sus mayores son la TV e Internet. Desesperanza por el futuro: en 30 años el agua será sumamente escasa: a los niños de hoy, ¿quién los envidia? Se pueden agregar abominaciones a esta lista y se alargará y se alargará y se alargará.

¿Se puede elaborar la lista contraria? Veamos: Lealtad, integridad, ínfimo número de transgresiones a la ley, los mejores hombres al frente de la sociedad y los sabios enaltecidos y escuchados y obedecidos. La mayoría de las personas busca la Verdad y la Realidad. Esperanza en un futuro cada vez mejor y mejor.

Está hecho. Ya elaboramos la lista contraria. Ahora, sinceramente respondamos: ¿Cuál de los dos escenarios es más cercano a nuestra Realidad? Esta pregunta la hago para contra-argumentar a aquellas personas que afirman que el mundo está bien, pues siempre hay personas que eso afirman. Y está bien que estas personas existan y afirmen. Pero en mi modesta opinión, son demasiado optimistas.

También está bien que hayan personas que puedan preguntar: ¿Y la ciencia y la tecnología? ¿Quién podía imaginar una herramienta tan asombrosa como Internet? ¿Y los teléfonos inteligentes? ¿Y los avances en medicina, biología y física? ¿Y la conquista del espacio? Y para no alargarme, pregunto: ¿Han servido la ciencia y la tecnología para que llevemos unas vidas más útiles y satisfactorias? ¿Somos más pacíficos? ¿Se han disminuido las lacras sociales? ¿Vivimos vidas más plenas? ¿Tienen un futuro promisorio los niños de hoy?

Enfáticamente respondo que no. No es verdad que la ciencia y la tecnología nos hayan hecho avanzar por el camino de la plenitud como seres humanos y más bien son parcelas del conocimiento indiferentes a lo que a la verdadera esencia del ser humano se refiere.

¿Cómo fue que llegamos a este desalentador escenario? La respuesta la tenemos todos por el solo hecho de ser seres humanos: llegamos aquí porque olvidamos el camino recto indicado por nuestros mayores, o por nuestros antepasados, o por los dioses. Podemos llamarlos como queramos. Pero en el momento en que olvidamos, por ejemplo, los 10 mandamientos de Moisés o el código de Manu, todo empezó a degradarse. Eso sucedió en algún momento de la historia, difícil es saberlo, porque fue algo imperceptible al principio, pero que con el tiempo nos ha traído hasta el fondo.

La humanidad se cansó de los antiguos códigos de conducta y comenzó a transgredirlos. De ahí en adelante los hombres comenzaron a ajustar sus leyes a conceptos más laxos, que satisficieran el grado de inmoralidad que se iba apoderando silenciosamente de las sociedades, causando la decadencia a que hemos llegado.

Aquí algún internauta va a pensar: “Claro, el escritor de este blog es un moralista a ultranza de los tantos que infestan el mundo”. Pero no es así, sino que al contrario, tengo una idea mejor (que por supuesto no es original mía): Las leyes, los códigos, las normas, los mandamientos, ya cumplieron su objetivo con los humanos de pasados siglos y milenios. La humanidad no es algo estático. No es una parte de la naturaleza que esté petrificada. No. La humanidad evoluciona, se mueve, fluye, y como cualquier organismo vivo nace, crece, se reproduce y muere. Las leyes y códigos de los dioses se hicieron para unos seres humanos menos evolucionados. Hoy día, aunque parezca absurdo, somos más evolucionados.

A un niño, por ejemplo, se le enseña a leer mediante cosas sencillas: “mi mamá me ama”. El adulto, que ya aprendió a leer hace tiempos, puede escoger su lectura: Shakespeare, Kant, Stephen Hawking, o literatura pornográfica. La clave está en que “puede escoger su lectura”. Ahora somos más evolucionados pero no estamos escogiendo bien nuestras lecturas. Hemos cruzado el umbral y ahora hemos entrado en un lugar de la Historia en el que ha aumentado nuestra responsabilidad. Es como el joven que abandona la casa paterna y se establece a vivir por primera vez solo. Al principio habrá un desequilibrio, un cierto caos, un embrollo en su nueva vida.

El mundo actual está soportando un desorden que nos está llevando a tocar fondo y en el momento en que ya no haya marcha atrás, en el momento en que estemos (y ya estamos) en lo más bajo del fondo, solo podemos mirar hacia arriba. Habremos despertado a la nueva realidad de que ahora, en buena parte, es nuestra responsabilidad. Ahora no necesitamos códigos a la manera de las milenarias leyes, y que solo nuestra actual consciencia será la que nos indique el camino a seguir.

Y esa consciencia que lleva milenios evolucionando, nos sabrá mostrar la vía. Ahora, como el joven que empieza su vida independiente, ya sabremos cómo hacer de nuestra vida la mejor para nosotros y para los demás. Así que no desesperemos y actuemos. Actuemos de acuerdo a nuestra consciencia. Además, es bueno que busquemos luces que nos indiquen el camino. Como los marinos buscan las estrellas para guiarse y los aviadores las luces de la pista de aterrizaje. 7 mil millones de personas no pueden ser luces al mismo tiempo. Siempre se necesitan líderes. Líderes que nos iluminen para este nuevo estado de cosas.

No sobra advertir que esos líderes no se parecen absolutamente en nada a los que hoy conocemos. Pero están entre nosotros. Los podremos descubrir si usamos nuestras evolucionadas consciencias. Debemos elegirlos, no necesariamente como presidentes o legisladores, pero sí como aquellas personas que cuando hablan son escuchadas por todos y dicen verdades que por eso mismo nadie puede poner en duda ni controvertir. Como cuando uno de los grandes seres humanos dijo, “amaos los unos a los otros”, o como cuando otro de esos exaltados seres dijo: “solo sé que nada sé”, o como el anónimo sabio: “conócete a ti mismo”.

Cuando alguien estuvo a punto de morir, digamos, por ejemplo, con un cáncer terminal y se salvó, esa persona cambia totalmente. Y cambia para mejor, pues sus valores, su forma de pensar, es decir, su consciencia surge desde el fondo de su dolor completamente renovada. Nada que ver con la que tenía antes de enfermar. Así nos está sucediendo con este mundo tan gravemente enfermo: Yo personalmente sé que saldremos adelante. Solo tenemos que empezar a usar nuestra renovada consciencia. Escojamos cuidadosamente nuestra lectura como personas mayores. Ya superamos la lectura de “mi mamá me ama”.    

  

sábado, noviembre 18, 2017

El cuento de Borges

BORGES Y YO

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras
cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.

sábado, noviembre 11, 2017

Naufragio

Este breve cuento de la India, de autor anónimo, es por sí solo toda una enseñanza sobre la naturaleza de la vida espiritual. Sin comentarios.



¿Avisarías a los personajes de tu sueño?

Anónimo: India



El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:
-¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo y le explicó:
-Tú estás durmiendo. Supóntelo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?