jueves, enero 19, 2017

El Mahabarata en Español


El Mahabarata es el poema épico más extenso del mundo. En su forma original fue transmitido oralmente y con posterioridad se puso por escrito en sánscrito, en 215 mil versos, lo que equivale a ocho veces la Iliada y la Odisea juntas. Es muy difícil hacer un resumen de tan majestuosa obra, y mucho más complicado establecer su autoría, la cual se atribuye al sabio Vyasa (3800 a. C.) Una característica sobresaliente del poema es que uno de los textos sagrados más importantes de la humanidad, el Bhagavadgita, con solo 700 versos, está contenido dentro del Mahabarata.

Como este no es un blog escrito por una persona erudita, me limitaré a decir que una vez se empieza a leer el Mahabarata, ya no es posible detenerse. Es tan dramático, es tan bello, es tan elevado, es tan apasionante… Pero son 9 mil páginas…

El texto original está en sánscrito y la primera versión en un idioma occidental (Inglés) se hizo en el siglo XIX por K. M. Ganguli. Dicha traducción es la más popular, y aunque no es perfecta, pues ninguna traducción puede serlo, estiman los eruditos que es muy aceptable. Además, por estar en el Dominio Público, puede ser bajada de muchos sitios en Internet. Aquí puedes encontrar uno.

¿Y en español? Hasta donde he podido investigar, hay una traducción en proceso por parte de la Editorial Hastinapura, de Argentina, que en estos momentos va por el tomo VIII. Es quizá la única opción para adquirir la obra en nuestro idioma, pues hasta hoy no he podido dar con otra edición completa del Mahabarata en español.

Sin embargo, hay un resumen maravilloso de 770 páginas en nuestro idioma, que nos sirve de abre bocas para cuando podamos algún día leer todo el poema. Este extraordinario resumen traducido del inglés por el señor Emilio Faro, lo lleva a uno de leer el Mahabarata de un solo tirón, aun cuando 770 páginas tampoco se pueden leer en un día. En el preámbulo el autor nos informa sobre cómo llegó a producir el texto, lo cual es importante antes de sumergirnos en la lectura.

Agradezco al señor Emilio Faro el bien que nos ha hecho al traducir este resumen al español, pues para los buscadores de la Verdad, la lectura del Mahabarata es algo supremamente recomendable. Para finalizar, quiero repetir estas hermosas palabras del mismo grandioso poema: “Lo que no se encuentra aquí no se encuentra en ningún sitio”.


sábado, enero 14, 2017

¿Habrá un punto de no retorno?


Cuando vemos el mundo y su devenir no podemos quedarnos indiferentes: racismo, xenofobia, pobreza, asesinatos, robos, gobernantes corruptos, violaciones, drogas, sexo desaforado, consumismo, materialismo, poca o ninguna atención a la ética, apología del más fuerte en todos los campos, indiferencia… y cada quien puede agregar a la lista…

Si miramos las cosas contrarias: tolerancia, amor, ayuda, ética, sexo sano, espiritualidad, compasión, etc., ¿no son tan frecuentes en el mundo? ¡Vaya que es difícil saberlo! Sucede que las cosas negativas están en todos los medios de comunicación, mientras que las positivas escasean en los medios, más no en la realidad. ¿Pero cómo estar seguros de que lo bueno abunda, aunque los medios no se ocupen de ello? ¿Qué encuesta se puede hacer? ¿Qué estudio? ¿Qué investigación?

La Sabiduría universal nos enseña que si el mal llegare a ser total, la aniquilación del universo tendría lugar en ese momento. Esto lo vemos fácil si pensamos en una ciudad cualquiera, donde ni uno solo de sus habitantes fuera honrado. Es decir, todos en esa ciudad son ladrones. Con solo pensarlo unos segundos concluimos que tal sociedad se destruiría a sí misma. Simplemente no podría existir. ¿Qué tal una sociedad donde todos son asesinos, donde todos son drogadictos, donde todos son racistas, etc.?

En consecuencia, aunque el ruido de fondo de los medios sea el de lo malo, parece que quienes albergan pensamientos y sentimientos buenos son mayoría. De lo contrario hacía tiempos que no existiríamos como planeta.


Sin embargo, ¿podría algún día suceder? Es posible. Pero para evitarlo es obligación moral de todos nosotros hacer el esfuerzo (porque para el bien hay que hacer un esfuerzo, no así para el mal) de ser buenos. Así suene un poco cursi eso de “ser buenos”, pero solo suena cursi. No lo es en realidad. Todos sabemos qué quiere decir “ser buenos”. 

El mundo tiene que avanzar y llegar cada vez a puntos más elevados de evolución. Del caos surge el orden. Nos asustamos porque solo vemos caos, pero vamos avanzando, aunque a veces tengamos que verter nuestra propia sangre.     

jueves, diciembre 29, 2016

El ejemplo de los sabios

Bhagavadgita, Capítulo 3, versos 25 y 26

Si el ignorante obra por apego a la acción, el sabio, ¡oh Bharata!, debe obrar sin apego a ella, anheloso del bienestar del mundo.
No perturbe el sabio la mente de los ignorantes apegados a la acción; antes bien, obrando en armonía Conmigo, haga atractiva toda acción.

Comentario de Swami Krishnananda:

Mantén tu conocimiento dentro de ti como una guía, como una lámpara para otros; nunca lo uses para apuntalar tu ego y proyectar así tu individualidad. Que tu conocimiento no sea difundido. La luz brillará por sí misma aun si está cubierta por el bosque y, por tanto, tu existencia misma hablará en una voz aún más alta que las palabras que puedas pronunciar. 

Tomado del libro Commentary on the Bhagavadgita, p. 91. Disponible aquí 


miércoles, diciembre 28, 2016

Enseñanzas de Swami Krishnananda

Los dioses a quienes debemos respeto y adoración cada día mediante un ritual, sea en nuestra casa o en un templo, no son otra cosa que nuestro íntimo reconocimiento de que hay un principio superior a nosotros, a otros, y a cualquier cosa en el mundo. 

Bhagavad Gita

Capítulo 3, versos 21 y 22

Lo que hace un hombre conspicuo, aquello hacen también los demás hombres. Las gentes siguen el ejemplo que él da.
No hay en los tres mundos, ¡oh Partha!, cosa alguna que me quede por hacer ni nada hay asequible que Yo no haya alcanzado. Y sin embargo, la acción está conmigo.

¿Miedo a la vida?




Cuando miramos las grandes epopeyas de la humanidad, desde el Mahabarata, pasando por la Odisea y hasta el Señor de los Anillos, lo que está presente en todas estas historias es el valor, el coraje, o en términos colombianos, la “verraquera” del ser humano por perseguir sus ideales.

Muchas personas del común somos miedosos pero no lo sabemos. Somos miedosos cuando usamos el alcohol o las drogas para evadirnos de esta realidad, que no vamos a negar que es miedosa. Pero la tenemos que enfrentar.

Otras personas evaden el enfrentamiento sin drogas, pero maquillando sus temores con el barniz de la piedad, de la no violencia. Con esto no quiero decir que nos convirtamos en personas violentas. No, ni más faltaba. Sucede que el mundo y sus problemas hay que enfrentarlos con valor y ese valor implica pelear y esa pelea implica que a veces las cosas de la vida nos hieran. 

Pero otras veces nosotros herimos a la vida; es decir, triunfamos en ese específico problema de la vida. Si somos pasivos o estamos pensando en la no violencia, los problemas nos arrasan, nos vuelven una marioneta cuya vida no es digna. Debemos ser violentos en el sentido de golpear los problemas hasta doblegarlos.

Volviendo a las grandes epopeyas de la humanidad, al final siempre el héroe o héroes triunfan, así hayan sufrido las peores heridas. En el último momento siempre les llega el premio, que es una paz infinita, y la comprensión de haber vivido una vida plena, buena y de lucha por sus ideales. Así muchos de ellos hayan dejado su vida en el campo de batalla, que también es la paz, pero eterna.

¿Y cuál es el ideal de una vida? Cada quien debe descubrirlo. Yo, por ejemplo, suscribo la frase de Eduardo Galeano: “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”. ¡Y qué difícil es cambiar nuestro egoísmo, nuestro rencor, nuestro orgullo, nuestra ira, nuestra lujuria! En esas batallas más de uno ha caído herido de muerte. Pero si aún vivimos, levantémonos y sigamos, porque solo los fuertes heredarán el reino. ¿Y cuál es el reino? Cada uno debe descubrirlo.


martes, diciembre 27, 2016

Enseñanzas de Swami Krishnanada

Los sentidos no nos dejan saber que existe la posibilidad de la inmortalidad del alma. Solo nos pueden dejar saber algo, si hay un objeto fuera de nosotros. Pero la razón no tiene supremacía sobre los sentidos. Tenemos una razón superior y una inferior. Es la razón superior la que nos lleva a conclusiones capaces de elevarnos sobre las experiencias ordinarias de la vida y nos permite el presentimiento de existencias más elevadas.

Tomado del libro Commentary on the Bhagavad Gita, pág. 83

Bhagavad Gita

Capítulo 3, versos 19 y 20

Por lo tanto, cumple tú constantemente y sin apego la acción que debes cumplir, pues el hombre que sin apego cumple la acción, alcanza en verdad el Supremo.
Janaka, y también otros llegaron, en efecto, a la perfección por la acción. Así también tu, con la mirada puesta en el bienestar del mundo, cumplirás la acción.

lunes, diciembre 26, 2016

Textos de Swami Krishnanada

La acción que ejecutemos no debe ser dañina ni para nosotros ni para otros. Algunas veces podemos arruinarnos por el bienestar de otra persona. Otras veces podemos arruinar a otra persona por el bienestar nuestro. Ninguno de los dos casos es permitido. Matarnos a nosotros mismos o matar a otra persona, se consideran como ofensas de igual culpabilidad.

Tomado de Commentary on the Bhagavad Gita, p. 73, por Swami Krishnananda 

Puedes leerlo aquí

EL BHAGAVAD GITA

Capítulo 3 versos, versos 17 y 18 con comentarios de  Shrila Prauphada

Pero para aquel cuyo disfrute proviene del ser, cuya vida humana está dedicada a la comprensión del ser y a quien únicamente lo satisface el ser —saciado plenamente—, para él no hay ningún deber.

COMENTARIO
Una persona que está plenamente  consciente de Krsna y a quien la satisfacen plenamente sus actos de conciencia de Krsna, deja de tener deberes que ejecutar. Debido a su estado de conciencia de Krsna, toda falta interna de piedad se limpia instantáneamente, efecto éste equivalente al de muchísimos miles de ejecuciones de yajñas. Mediante esa limpieza de conciencia, uno llega a estar plenamente convencido de su posición eterna en relación con el Supremo. Su deber queda así autoiluminado, por la gracia del Señor, y, en consecuencia, se dejan de tener obligaciones para con los mandamientos védicos. Esa persona consciente de Krsna deja de estar interesada en las actividades materiales, y deja de sentir placer en cuestiones materiales tales como el vino, las mujeres y atracciones similares.

Un hombre autorrealizado no tienen ningún propósito que cumplir con el desempeño de sus deberes prescritos, ni tiene ninguna razón para no realizar dicho trabajo. Ni tampoco tiene él ninguna necesidad de depender de ningún otro ser viviente.

COMENTARIO

Un hombre autorrealizado ya no está obligado a desempeñar ningún deber prescrito, con la única excepción de las actividades de conciencia de Krsna. Y el proceso de conciencia de Krsna no es inactividad, tal como se explicará en los versos siguientes. El hombre consciente de Krsna no se refugia en ninguna persona, ni hombre, ni semidiós. Todo lo que hace en el estado de conciencia de Krsna es suficiente para cumplir con sus obligaciones.

lunes, octubre 31, 2016

Deseos de ayer - Deseos de hoy


Lo que se gana en cantidad, se pierde en calidad. En otras palabras: a más “cosas”, menos disfrute; a menos “cosas”, más disfrute. O como dice la sabiduría popular: “el que mucho abarca, poco aprieta”.

Si aplicamos este pensamiento a la sociedad actual, observamos que es tal la cantidad de “cosas” que tenemos delante de nuestros sentidos, como en ningún momento de la historia conocida, y, en consecuencia, estamos en el punto más bajo de la calidad de disfrute. Pero, ¿disfrute de qué? De la vida.

Hoy tenemos la llamada “tecnología para consumir”, empezando por todo lo que hay en Internet, siguiendo con nuestros teléfonos inteligentes y continuando con la realidad virtual. Y estas tres grandes categorías solo son la punta del témpano de todo lo que tenemos para desear consumir. Quedan las otras cosas que siempre había tenido la humanidad cuando la tecnología no existía, tales como los objetos valiosos, el arte, la fama, el juego, el sexo, etc.

Hay que señalar, que de todo ese exagerado muestrario de “cosas” para consumir que tenemos el día de hoy, cada uno de nosotros a duras penas alcanza a consumir algunas pocas a lo largo de toda la vida. Lo malo es que los deseos son infinitos, y cuando están insatisfechos crean frustración, y si estás frustrado, estás infeliz. Gracias a la cantidad de “cosas” para desear, hay más personas frustradas hoy, que en épocas anteriores.

No se trata de despreciar la “tecnología para consumir”. Aquí se trata de usarla como disculpa para reflexionar, por ejemplo, cómo hace 50 años nos divertíamos con algo tan “ordinario” como un tocadiscos, en el cual poníamos unos discos de acetato de 33 revoluciones por minuto, para disfrutar de los Beatles o de los Panchos. En otras ocasiones, íbamos a cine; óigase bien: “íbamos”, es decir, había que “ir”, había que “salir”, nunca se podía disfrutar del cine en casa, como hoy, y mucho menos en 3D. En aquella época, los autos eran poquísimos, al menos en Latinoamérica, y los niños en las barriadas invadíamos con nuestros juegos no solo los andenes, sino las calzadas, y los pocos autos que llegaban, se detenían sin ninguna rabia por parte del conductor (sin pitar), y esperaban que la muchachada dejara un bache por donde pasar.

Los chicos jugábamos canicas, trompo, a los bandidos y policías, al fútbol, o correteábamos en nuestros triciclos; las chicas jugaban a “ser la mamá” con sus muñecas, y a cocinar en cocinas de juguete hechas de latón. Para las tareas escolares no existía Google ni Wikipedia, y había que ir a lugares llamados “bibliotecas” a buscar el libro que contenía la información deseada. Si querías comunicarte con alguien en otra ciudad, una carta duraba al menos 5 días en llegar, si era nacional, y 10 días si era internacional. Por supuesto no había correo electrónico, ni documentos escaneados, ni faxes, ni fotocopias. 

Sin embargo, ¿era la vida más difícil? Rotundamente no. Era la misma. Quienes vivimos hace más de 50 años, sabemos que aunque no había la tecnología en el sentido en que hoy existe, sin embargo no por eso la vida era más aburrida o difícil que hoy. Parece que la vida básicamente es la misma siempre. Solo que hay más cosas para desear hoy, aunque la mayoría no se puedan obtener.

En los años 60, como hoy, millones padecieron hambre, desnutrición, y fueron despedazados por las guerras. Los seres humanos envejecían, se enfermaban y morían lo mismo que hoy. Los seres humanos eran proclives al engaño y a la violencia hace 50 años lo mismo que hoy. La infelicidad era la misma ayer que hoy. Entonces se ve claro que ni la tecnología, ni la ciencia han ayudado a la humanidad a nada verdaderamente importante (entendiendo la felicidad por “lo más importante”), pero sí ha creado millones de necesidades nuevas.

Hoy día necesitamos un televisor de pantalla así o asá; un iPhone así o asá, una banda de Internet así o asá, una suscripción por cable así o asá, una Tablet, un PC, un portátil, unos programas para la Tablet o para el iPhone, miles de aplicaciones para todo lo imaginado… ¿a qué horas podemos pensar? ¿A qué horas podemos estar en contacto directo con los seres queridos? ¿A qué horas podemos alimentar el intelecto y el espíritu, si los libros están en crisis gracias a la misma tecnología? ¿De verdad estamos progresando? Y, si progresamos, ¿hacia dónde?


La vida de hoy es una etapa de la humanidad como cualquier otra etapa. Cada uno de nosotros, en forma individual, no puede hacer nada más que seguir en el rebaño, pues todos vamos de alguna manera en el rebaño. Pero no deja de ser excitante hacernos preguntas como las anteriores, por si acaso podemos levantar la cabeza por encima de los 7 mil millones de borregos, y encontrarle algún sentido a esto que llamamos vida. Quizá vamos hacia un objetivo elevado, o quizá vamos en sentido contrario.